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Emma Louise y el capitán Michael Pearce

Bajo este nombre se lleva a cabo anualmente un acontecimiento singular que llena de alegría a muchos niños y niñas menos afortunados, médica y económicamente, a cumplir el sueño de ir al reino de los sueños: Orlando y todas sus atracciones.


¿Qué hay de mágico en el vuelo? En realidad, nada es magia, nada sale de la nada, sino del esfuerzo de la organización Something mAAgic Foundation® y sus miles de voluntarios empeñados en ayudar a la comunidad con el uso de su propio tiempo y recursos. Aunque eso sí, el vuelo es mágico desde el punto de vista de ser un viaje cargado de ilusiones, de alegrías, de sueños que van a convertirse en realidad.

La organización Something mAAgic Foundation® se encarga de coordinar con otras organizaciones las vacaciones de una semana de estos niños y acompañantes desde sus lugares de origen a Orlando, con absolutamente todos los gastos pagados. El transporte aéreo se realiza canjeando las millas generosamente donadas por los clientes de American Airlines y el alojamiento en la villa Give the Kids the World. La selección de los niños corre a cargo de conocidas fundaciones a nivel de cada país e internacional dedicadas a proporcionar los medios para hacer cumplir los deseos de niños con condiciones médicas crónicas o terminales.
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Refrescándose en la piscina de Give the Kids the World


El último viaje se realizó en septiembre del año pasado en el que participaron 39 niños y sus acompañantes, haciendo un total de 169 personas, procedentes de 30 ciudades diferentes: Buenos Aires (Argentina), Lima (Perú), Madrid (España), Ciudad de México y Guadalajara (México), Ciudad de Panamá (Panamá), São Paulo (Brasil), San Juan (Puerto Rico) y EE.UU. Mil voluntarios en total contribuyeron a la organización de las vacaciones.

> Acompañamos a Clara
Pensamos que la mejor manera de sentir y apreciar la experiencia es acompañando a uno de los niños seleccionados desde su origen, así que nos decidimos por Clara Villanueva, una muchacha peruana de dieciséis años, no por ninguna razón especial sino porque en los días previos al viaje nos encontrábamos en Lima. Clara estuvo muy enferma en el hospital desde los tres años a los catorce con un tumor de Wilms. Sus abuelos, Vicente y Lorenza, con los que Clara y su hermana Marcia han vivido desde pequeñas, a base de amor, sufrimiento y paciencia, se vieron un día bendecidos con el dictamen médico de que el cáncer se había controlado. Durante la conversación me explicaba, con una alegría e ilusión contagiosa, cómo desde niña había soñado con princesas, vestirse como ellas, ser como ellas. Cuando fue seleccionada para el Vuelo Mágico, no se lo podía creer y desde entonces no pudo dormir por las noches pensando en el viaje y en el momento de llegar a su lugar preferido, Disney World.

La puerta de embarque del aeropuerto de Lima estaba alegremente decorada y varios voluntarios disfrazados de payasos. Había una torta con el nombre de Clara, sodas, caramelos, galletas, que eran compartidos con los pasajeros del vuelo. Un ambiente festivo para la princesa que estaba a punto de partir a su tierra soñada. El recibimiento en aeropuerto de Miami a las 7 de la mañana, fue apoteósico, con aplausos, fotos y regalos. Seguidamente pasó al Admirals Club de American Airlines para descansar en espera de su siguiente vuelo a Orlando. Había reservada cierta área del Club, maravillosamente decorada, algo así como un mundo de caramelos y dulces, que los voluntarios habían montado durante la noche.

Los demás niños tuvieron el mismo tratamiento que Clara en sus respectivos aeropuertos de partida y a la llegada a Miami, sin embargo, las salidas hacia Orlando estaban concentradas en una sola puerta de embarque exclusivamente destinada a tal efecto. La decoración, los voluntarios disfrazados, los globos, los dulces y los regalos eran verdaderamente impresionantes. Los abrazos, el cariño y deseo de hacerles sentir bien, tanto de empleados de American y voluntarios como de pasajeros en espera, eran conmovedores. A la hora de embarcar, el capitán del avión los recibía y los llevaba a la cabina. Después, ya en la pista de rodaje, camino de la cabecera de pista para el despegue, el avión pasaba por una cortina de agua producida por los chorros de agua de los camiones de bomberos, ceremonia típica de cuando se inaugura un vuelo. Ya en el aire, los auxiliares de vuelo, se encargaban de mantener la fiesta viva hasta su llegada a Orlando. Al desembarcar, se volvía a repetir el recibimiento apoteósico de Miami.