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El verano es una etapa propicia para degustar, alejados de tintos solemnes, vinos blancos de delicados matices frutales, de perfume lento, como el que ofrece un albariño o un pinot gris, delicados, pero plenos de vida y fresca acidez.

Y es que, a la hora de acompañar la cocina veraniega, unos vinos de este perfil (albariños, muscat, pinot gris o espumosos) son los ideales. Por eso, con la copa en la mano, que es como se debe hablar siempre de vinos, sugerimos cuatro referencias que son casi de cata obligada.

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De la denominación de origen Rias Baixas, un monovarietal albariño que es uno de los grandes de Europa, Santiago Ruíz, con deliciosos matices frutales y de gran complejidad aromática.

Para la última hora de la tarde de verano, el Kripta Gran Reserva, la obra maestra de la bodegas Agustí Torelló i Mata, un cava catalán de aroma afrutado y floral, elegante, que se distingue por la botella en forma de ánfora.

La varietal pinot gris (pinot grigio en Italia), asociada a blancos ligeros, puede dar también caldos de mayor complejidad, con notas a fruta tropical, redondos en boca, como el que elabora la bodega neozelandesa Staete Landt Vineyards, en la región de Marlborough.

El placer y emoción que encierra una copa de muscat o moscatel atrapará a todos aquellos que tengan la fortuna de probar el elegante y meloso Stratus Moscatel, elaborado en Lanzarote, una isla del archipiélago canario.