Navegando por las frígidas aguas del Estrecho de Magallanes, el tiempo se dilata, los prístinos paisajes nos empequeñecen y las llamadas de celo de pingüinos, lobos marinos y albatros rompen el imponente silencio marino de la Tierra del Fuego.


Aunque asociamos Patagonia con Argentina también cuenta con espacio chileno. Si a veces las relaciones entre ambos países a este respecto han sido tensas en algo están de acuerdo: comparten uno de los territorios más bellos del planeta. A la Patagonia no se le pueden poner límites. La tierra nombrada por el explorador portugués Fernando de Magallanes en 1520 seguirá incólume, antes y después del paso de los humanos. Los glaciares avanzarán o retrocederán, las aguas del Pacífico y del Atlántico seguirán confundiéndose aquí, los albatros perpetuarán su vuelo náutico, los pingüinos regresarán para procrear y la Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos continuarán contemplando la Antártica, cuyo primer hielo se encuentra a poco más de mil kilómetros.

Los españoles le dieron el nombre de Tierra del Fuego a pesar del frío y el hielo al observar en sus primeros viajes las hogueras que los onas prendían a lo largo de la costa para protegerse del terrible frío. Eran tan grandes que parecían montañas de fuego. Las designaciones geográficas son extremadamente curiosas. El mar Pacífico también fue nombrado por los españoles porque, a pesar de ser muy poco “pacífico” la mayor parte del año, cuando llegaron, sus aguas se encontraban calmadas.

Lonely Planet/Getty ImagesEn cuanto a Patagonia también se relata que su origen puede deberse a dos posibles causas: los primeros nativos que avistaron eran gigantes con pies enormes, según describe Pigaffeta, cronista del viaje de Magallanes,  dando así origen a la leyenda de los “hombres gigantes”. Lo cierto es que en aquellos tiempos los cronistas solían “exagerar” sus relatos de descubrimientos, entre otras cosas para asustar y evitar que la “competencia” se acercase a las nuevas tierras. La otra explicación que se maneja es que Magallanes se encontraba en ese momento leyendo uno de los libros de caballerías del siglo XV muy popular, Primaleón. En concreto, en un momento del relato, el protagonista llega a una isla apartada, en cuyo interior habita el gigante Patagón.

Cruceros Australis une Ushuaia (Argentina)  y Punta Arenas (Chile), dos ciudades en el último confín del mundo, forjadas con la fuerza y el valor de los primeros pioneros, ofreciendo al viajero una experiencia como pocas experimentará en su vida y la visita a todos estos parajes donde nacieron las leyendas de gigantes, tierras de fuego y mares pacíficos que no lo son tanto. Con 65.000 habitantes, Ushuaia, fundada en 1884, es una de las ciudades más importantes de Isla Grande en la Tierra del Fuego. Aquí se encontraron por primera vez los yaganes con los misioneros anglicanos y las leyendas siguieron creciendo.

Toda la zona rezuma magia e historia con islas e islotes, canales, cuentos, leyendas, ficción o realidad de barcos y marineros engullidos por el mar, encuentros y desencuentros con las culturas indígenas locales pero sobre todo destaca la persistencia del hombre por colonizar esta arisca parte del mundo. En el verano de Punta Arenas,  todavía se instalan cuerdas en la Plaza de Armas para que sus ciudadanos puedan desplazarse sin que se los lleve el viento en los peores días de la estación. Como premio, la posibilidad de disfrutar todo el año de un aire límpido y puro, de paisajes monumentales, de parques naturales y de una vida con un ritmo más sensible porque la grandiosidad e inmortalidad de la naturaleza de Tierra del Fuego, nos procurará una buena cura de humildad.