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Mercado del Puerto
© Guillermo de la Corte


Punta del Este
El sureste del país, esta pequeña península es el último bastión de tierra donde se une Río de la Plata con el Océano Atlántico. Es el principal balneario de país, de alto nivel, visitado por cientos de miles de turistas durante el año y donde es muy frecuente ver famosos y celebridades, disfrutando, como cualquier otro más, de lo que el área tiene que ofrecer. Sensacionales paisajes y más de 100 Km. bellas playas de fina arena, son el marco que adorna un panorama de calma, sosiego y descanso, al menos durante el día. Después de sus espectaculares atardeceres, todo se transforma, y la noche da paso al entretenimiento y diversión, con sus espectáculos, casinos, discotecas y pubs.
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Nuevo aeropuerto internacional de Carrasco

Si bien existen zonas comerciales, la mayoría de las construcciones son residenciales entre edificios de apartamentos y casas, todos ellos de los más diversos estilos, que se esparcen desde el centro de Punta del Este a lo largo de las playas. La oferta hotelera es variada y abundan los establecimientos medianos y pequeños. El hotel más grande por décadas ha sido el Hotel San Rafael, de estilo Tudor inglés, que desde que se inauguró en 1948, ha albergado multitud de personalidades y políticos.

Hace catorce años, el Hotel Conrad abrió sus puertas, marcando una nueva era en cuanto a la hostelería se refiere en Punta del Este, siendo es estos momentos el más emblemático de todos, no solo por su arquitectura, sino por su capacidad (296 habitaciones y 31 suites variadas), su casino, centro de convenciones y espectáculos con figuras internacionales de renombre. Otro establecimiento digno de mencionar es el Hotel L’Auberge, muy coqueto e íntimo, también de arquitectura singular con una torre que fue depósito de agua, donde a la hora del té sirven unos waffles sabrosísimos, todavía utilizando las mismas planchas para hacerlos que trajo de Bélgica la dueña que construyó el hotel, hace 60 años.

Decidí hacer un recorrido a pie por la zona antigua de la ciudad que está en la punta extrema de la península, paseando por la calle principal, la Avenida Juan Gordero, donde hay muchos comercios, entre ellos el Centro Comercial de la Península. También visité la Feria Artesanal, el Puerto de Yates, la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, la esquina de los Cuatro Mares y el Faro. Seguidamente, me desplacé por carretera hacia el este, llegando al balneario La Barra de Maldonado, pasando por los curiosos Puentes Ondulantes. El pueblo es un sitio encantador, con casas de colorida arquitectura, calles estrechas con tiendas de antigüedades y pequeños comercios, donde muchos pintores y escultores tienen sus talleres, dándole así un toque bohemio. Con su multitud de bares y discotecas, es el lugar preferido por los jóvenes en la noche.

Continuando mi exploración a lo largo de la costa, pasé por bellas playas como Montoya, Bikini, Manantiales y un sinfín más, que a decir verdad, sería imposible decidir cuál es mi favorita. Quizás debería quedarme un mes en cada una de ella para ayu darme a decidir. Finalmente llegué al balneario Juan Ignacio, bien pintoresco también, bastante exclusivo, ideal para aquellos que huyen de los destellos de las luces de los casinos y discotecas.

Al regreso hacia Punta del Este, hice una pequeña incursión hacia el interior, unos 20 minutos, para visitar la Fundación Pablo Atchugarry. Me impresionó el parque de esculturas, de 15 hectáreas, inmaculadamente ajardinado, con obras de famosos escultores salpicadas estratégicamente en el paisaje.
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Torre de Comunicaciones
© Domino/Getty Images

Al día siguiente pasé por la Laguna del Sauce, una reserva forestal de las más importantes del mundo, donde la oferta hotelera es de alto nivel. Se practican deportes de vela y pesca. Continué hacia Piriápolis, balneario pionero en el país, con mucho carácter europeo, donde se conjugan los bosques, cerros y playas, que le proporciona unas características únicas. Me acerqué a Pan de Azúcar, una colina de 423 metros sobre el nivel del mar, en cuya cima hay una cruz de cemento de 35 metros de altura. La caminata para subir la colina fue de campeonato y allí todavía quedaba por subir la escalera de caracol interior que llevaba a lo más alto de la cruz. Pero mereció la pena, pues desde allí la panorámica de la costa era espectacular, llegándose a ver Piriápolis y hasta Punta del Este. También el área es una reserva de fauna de las más importantes.

Ya de regreso fui un poco apurado, pues tenía que llegar a Punta Ballena justo a la puesta del sol. El principal atractivo es Casapueblo, el museo-taller y también hotel, del famoso artista Carlos Páez Vilaró, un proyecto que le ha llevado 35 años en realizarlo. Estando allí, asistí a la “Ceremonia del Sol”, que consiste en la declamación de una poesía por Páez Vilaró por los altavoces del lugar, que termina exactamente cuando el sol desaparece en el horizonte marino. Muy romántico.

Listas las maletas
Uruguay representa una de esas raras coincidencias en el tumultuoso mundo en el que vivimos. Tiene estabilidad política, jurídica y económica. Posee, además, buena infraestructura de comunicaciones, seguridad pública y seguridad en términos catastróficos, es decir: no tiene volcanes, terremotos, tsunamis o tornados. Cuenta con la belleza natural de sus campos y sus playas, y la más importante, la de sus gentes, muy educadas, amables y serviciales. Entonces, me hago la pregunta: ¿A qué espero para mudarme allí?