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‘Los Dedos’ en Punta del Este
© Krzysztof Dydynski/Getty Images


Montevideo
La capital combina el encanto de su historia colonial con un aire moderno y cosmopolita. No está tan congestionada, ni de tráfico ni de gentes como otras capitales que he visitado en Latinoamérica, aunque los montevideanos no estén de acuerdo conmigo.

La ciudad se fundó entre 1724 y 1730. Estaba amurallada en su perímetro y la Ciudadela se encontraba en lo que es hoy la Plaza de la Independencia donde aún queda en pie una puerta, como testigo silencioso de aquella época. En el año 1983 se proyectó un nuevo trazado, con calles anchas y arboladas, donde se establecieron espléndidos comercios y residencias suntuosas, así como grandes espacios públicos.
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Fuente de los Candados
© Guillermo de la Corte

En Montevideo se conjuga armoniosamente la influencia española, portuguesa, francesa y británica. Es como si lo mejor de la arquitectura de esos mundos se diesen cita en la capital, la cual se mantiene bien conservada, presentando estilos y corrientes diversas, como el Art Nouveau y Art Decó.

No hay nada como un recorrido a pie para tomar el pulso una ciudad. Así que comencé por el centro neurálgico, la Plaza de la Independencia. Allí se encuentra la Torre Ejecutiva, sede de la Presidencia de la República, el Palacio Salvo, la Casa de Gobierno, el icónico Teatro Solís y la Puerta de la Ciudadela. Hay muchas tiendas de recuerdos y artesanías. Por una calle peatonal, llena de puestos de venta, llegué a la Plaza de la Constitución donde se encuentra al Catedral Metropolitana. Y hablando de las influencias europeas, allí mismo hay un quiosco de periódicos típico parisino, que después me di cuenta, hay en muchos sitios.

Continué por la calle Rincón hacia la Plaza Zabala donde está la Iglesia de San Francisco que a su vez es el Museo de Arte Colonial, y el Palacio Taranco, sede del Museo de las Artes Decorativas. Por fin llegué al tan aclamado Mercado del Puerto. El edificio es una antigua estación de trenes inglesa que se descargó despiezada en el puerto de Montevideo para seguir camino a su destino, y que por lo que sea nunca continuó viaje, se quedó y después se construyó. En su interior se acogen muchos restaurantes especializados en parrilladas en un ambiente acogedor y extremadamente agradable. Cabaña Verónica es uno de los favoritos atendido magistralmente por su dueña Carmen y su hija Verónica. También hay que mencionar Roldós, muy conocido por crear una bebida llamada “medio y medio”, que hoy ya se vende en botellas y que es mitad vino blanco y mitad champaña, ciertamente refrescante. Justamente al lado del mercado, se encuentra el colorido Museo del Carnaval.

Fue durante este recorrido cuando verdaderamente pude comprobar el amor de los uruguayos por el mate. No importa que fuese una estudiante o un ejecutivo con traje y corbata, el caso es que contemplé por la calle a muchísimos de ellos con su termo con agua caliente debajo del brazo, y bebiendo la infusión mientras caminaban.

Amén de los paseos en el casco urbano, Montevideo cuenta con una impresionante rambla de varios kilómetros bordeando la bahía de Montevideo hasta la Ciudad Vieja, continuando hace el este, hacia Punta Carretas y más allá. La gente pasea, a pie o en bicicleta, pesca y se reúne a charlar y compartir un mate.

Otro lugar curioso, que aún no está incluido en la guías turísticas, es la Fuente de los Candados. Hace cinco años, el dueño de la cafetería Facal – comida muy variada y siempre fresca – trajo de México una fuente que instaló fuera de su establecimiento, además de un tablado en la calle, en la que continuamente hay una pareja bailando tango. No se sabe por qué, los amantes comenzaron a dejar un candado marcado con sus iniciales, perdiendo en ese instante la llave para que nunca más sea encontrada. La historia cuenta, que todos aquellos que allí dejan su candado, no sólo estarán unidos para siempre, sino que también algún día volverán juntos a Montevideo.

Y ya que hemos mencionado el tango, una visita obligada es a Baar Fun Fun, en la Ciudad Vieja, un pequeño bar bohemio, lleno de historia, creador de una bebida llamada “uvita”, una mezcla secreta de vinos adulzados, tan famosa que hasta Carlos Gardel le dedicó una canción, La uvita. En una pequeñísima tarima de 2 x 1,5 m, una extraordinaria joven pareja, baila tangos con una belleza y precisión de asombro. Otros lugares para ver tango, incluyen El Milongón, El Sodre y Sala Zitarrosa. El candombe no está comercializado como el tango, así que es difícil de ver a no ser que sea durante los carnavales o que en algún barrio en cierto momento inesperado, los aficionados decidan reunirse para tocar los tambores y bailar.