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El Parque Nacional de Doñana, situado en Andalucía, al sur de España y a orillas del océano Atlántico, es un enclave de excepcional importancia tanto por su diversidad biológica como por el buen estado de conservación de sus ecosistemas, que conforman una gran variedad de paisajes, desde la marisma hasta las dunas, pasando por bosques y lagunas.

Aunque muchos territorios presumen de su diversidad, ninguno puede hacerlo en toda Europa con tanta autoridad como Doñana. 50.720 hectáreas repartidas entre las provincias de Huelva y Sevilla acogen nada menos que 370 especies de aves en sus marismas, lagunas y bosques – no hay otro lugar en el continente puede alardear de semejante riqueza y variedad ornitológica –, a las que hay que sumar más de 900 especies de plantas vasculares y helechos, 11 especies de anfibios, 23 de reptiles, 26 de mamíferos y 12 murciélagos.

La diversidad también se pone de manifiesto en la variedad de paisajes. Destaca la marisma, que ocupa casi la mitad del territorio protegido. En verano es una inmensa llanura de suelo seco y cuarteado, pero en invierno se cubre con una delgada capa de agua a la que acuden incontables especies de aves migratorias.
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Fuera de la marisma se encuentran los cotos de matorral mediterráneo y los bosques, fundamentalmente pinares. En ellos vive un buen número de vertebrados, incluidos el águila imperial y el lince ibérico, dos especies en grave peligro de extinción que tienen en Doñana uno de sus últimos refugios.

La vera es otro de los paisajes característicos de Doñana. Recibe agua filtrada por la arena, por lo que está permanentemente húmeda y ofrece alimento y sombra a los grandes herbívoros – ciervos y gamos –, sobre todo en verano, cuando las marismas están secas y las lagunas se reducen.

Quizá, lo más espectacular sean las dunas que avanzan desde la costa, empujadas por el viento. Sus frentes ya se han internado cinco kilómetros tierra adentro, a razón de 4 a 6 metros por año.

En el límite del terreno ocupado por las dunas se abren varias lagunas de gran belleza. En sus orillas se concentran ciervos y gamos, caballos y vacas, jabalíes... y en el agua, garzas y espátulas se unen a los flamencos rosas que buscan incesantemente comida mientras cientos de aves limícolas recorren los bordes de la laguna.
Pero, además, Doñana tiene un verdadero tesoro, un paisaje imposible de ver en cualquier otro lugar de la costa española: su playa, 32 kilómetros de costa virgen, sin edificaciones, bañistas o embarcaciones.


Romerías y gastronomía

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© ramon navarro/foto natura/getty images
• En el entorno de Doñana, el viajero puede disfrutar de pueblos tan singulares como El Rocío, un lugar que ha crecido en torno al templo dedicado a la Virgen, al que cada primavera acuden cientos de miles de peregrinos, y en el que reinan los caballos; por eso sus calles son de arena. Lo más aconsejable es disfrutar del ambiente ecuestre nocturno en la terraza del restaurante El Toruño, degustando unas gambas de Huelva.

http://reddeparquesnacionales.mma.es/parques/donana/index.htm
www.hermandadmatrizrocio.org

• Separada de Doñana por el río Guadalquivir, se encuentra la histórica ciudad de Sanlúcar de Barrameda, un lugar único en el mundo porque acoge las bodegas en las que se produce un vino extraordinario que no es posible criar en ningún otro sitio: la manzanilla. Tomar una copa para acompañar una tortillita de camarones en Casa Matías es una experiencia que nuestro paladar tardará mucho tiempo en olvidar.

www.sanlucardebarrameda.es/sanlucar_turismo

• Pero la imagen más típica del verano español en la playa es la del chiringuito, o bares playeros. Algunos ofrecen sus comidas, en la misma arena, como el del pintoresco Club Náutico de Matalascañas – una localidad contigua al parque natural –. Unas delicias recién pescadas en el mar y una cerveza fría, que nos ayudará a combatir el calor. Placer de dioses.

www.clubnauticomatalascanas.com
www.andalucia.org