En un campo de agave azul los jimadores usan sus coas para separar las pencas de las piñas
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Tequila, noble espíritu, que nace del corazón de la sagrada planta metl (maguey en lengua náhuatl) obsequio de la diosa Mayahuel. Bebida mestiza cuya materia prima es netamente mexicana pero elaborada con métodos de destilación que introdujeron los españoles quienes aprendieron el proceso de los árabes. Su historia, basada en el sincretismo, está rodeada de mitos y leyendas. El tequila es la quintaesencia de México.

Por milenios antes de la llegada de los españoles, los nahuas y mexicas reverenciaban el metl(maguey/agave) una planta sagrada que brotó directamente del cuerpo de Mayahuel, diosa de la fertilidad.

El metl era una planta  de la que todo se aprovechaba. Las hojas o pencas se usaban como techumbre y combustible para el hogar; las cenizas como jabón, lejía o detergente; la savia como curación de heridas. De sus fibras hacían telas y elaboraban tejidos, cuerdas y papel; los quiotes se usaban como vigas o para construir corrales. Con las espinas fabricaban agujas, punzones y clavos. De su dulce corazón o piña confeccionaban mieles, azúcares y golosinas. Y lo más significativo: al raspar o ‘herir’ el noble corazón del metl, brota el aguamiel. Al fermentarse, el aguamiel se convierte en el sagrado pulque, la leche de la diosa.

La diosa de los cuatrocientos senos
Mayahuel posee cuatrocientos pechos de los que brota el pulque que alimenta a los centzon totochtin, los Cuatrocientos e Incontables Conejos, dioses de la embriaguez. Mayahuel y su esposo Patécatl, dios del Peyote y la sanación son sus progenitores.

Cada divino conejo representa una manifestación de la embriaguez: desinhibición, alegría, ira, querella, llanto… y así sucesivamente. Como la embriaguez suponía la posesión por una de esas innumerables deidades, los aztecas no castigaban inmediatamente al ebrio para no ofender a la deidad. Sin embargo, la embriaguez estaba estrictamente prohibida y penada con la muerte.

Como las consecuencias de una posesión eran tan grandes, el consumo del pulque se reservaba solo para los dioses, nobles, sacerdotes, ancianos y las mujeres parturientas. En ciertas fiestas y celebraciones religiosas, el pulque se compartía con el pueblo. Incluso Moctezuma II celebró un banquete con pulque para agasajar a Hernán Cortés al que confundió con el dios Quetzalcóatl.