® Cortesía Akanan Tours


Cuando uno participa en un sorteo casi siempre lo hacemos simplemente por el hecho de hacerlo, sin confianza de que seamos los agraciados, aunque eso si, en el fondo, muy en el fondo de nosotros mismos hay una pequeñísima esperanza de que a lo mejor suene la flauta. Así, con ese pensamiento, nuestro ganador se inscribió… y sonó la flauta.

“El rugir del agua cayendo detrás del Salto Hacha era como estar en el centro de un huracán"

Para DeVere Kutscher, de Washington, DC, la música de la flauta le sonó celestial cuando su nombre salió agraciado en el sorteo de Nexos del pasado mes de noviembre, que comprendía un viaje para dos personas con todos los gastos pagados al Parque Nacional Canaima en Venezuela. Él junto a su pareja por más de diez años Duane Pozza son ávidos viajeros, amantes de lugares exóticos y en sus planes estaba la idea de algún día visitar el Parque y llegar hasta el Salto Ángel, pero la suerte les obligó a adelantar sus planes. 

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El Parque está situado en un lugar remoto de Venezuela. Para ello había que volar desde Caracas a Puerto Ordaz y de allí en un avión pequeño al pueblecito de Canaima, situado al borde del lago del mismo nombre. Además de DeVere y Duane, el grupo estaba compuesto por Ana Cristina Reymundo, directora de Nexos, Victor Escalante de gerente de ventas, Ricardo Gajú, Ana Teresa Gomez de la oficina de American Airlines en Caracas y Manuel Patiño de Akanan Travel & Adventure, encargado de la expedición.

La llegada a Canaima se hizo a mediodía, desplazándose al campamento Ucaima Jungle Rudy, un remanso de paz a la orilla del río Carrao, donde la dueña Gaby Truffino les recibiría con su habitual cordialidad y un refresco de bienvenida.  Después de almorzar y descansar se subieron a una curiara (canoa) haciendo un recorrido por el lago Canaima, disfrutando las diversas cascadas de agua e incluso atravesando algunas de ellas por detrás de la cortina de agua. Al día siguiente una curiara les llevaría rio arriba, después de tres horas y media de viaje, hacia el pie del Salto Ángel. El intrépido grupo subiría el tepui hasta llegar al rústico campamento a pernoctar.

Duane comenta, “El llegar a Canaima en el pequeño avión y ver el paisaje lleno de tepuis por primera vez; el pasar por detrás de las cascadas de agua; y desde luego el paseo por el río con agua color negro fue impresionante”. DeVere por su parte comentó: “El rugir del agua cayendo detrás del Salto Hacha era como estar en el centro de un huracán. Disfruté caminar por la sabana. Me asombré con la pericia del conductor de la curiara que se sorteaba los peligrosos rápidos. Me conmovieron los pacíficos pueblecitos pemones y los niños yendo a la escuela bajo la sombra de los imponentes tepuis”, dice con detectable nostalgia. 

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De pronto soltó: “Pero sobre todo la llegada al Salto Ángel fue acrecentando mi anticipación pues se iba mostrando poco a poco entre nubes según avanzábamos. En fin todo fue encantador, desde el pequeño avión hasta el lago, el campamento, la curiara, la niebla levantándose y volviendo a caer, el camino por el río viendo como poco a poco las paredes de los tepuis se hacían más verticales… y finalmente, cuando llegamos a nuestro destino, las nubes se levantaron y revelaron el Salto Ángel de arriba a abajo”.

En Caracas también vivieron momentos mágicos, antes de partir de nuevo hacia Washington DC. Pasaron una jornada visitando varios lugares de interés de la ciudad acompañados por Olga Ramírez del Ministerio de Turismo de Venezuela.

Las opiniones de DeVere y Duane hablan por sí solas de su magnífica experiencia. No dejen de participar en sorteos y promociones. Mientras su nombre está inscrito, hay posibilidades por muy remotas que sean. Sino pregúnteselo a DeVere y Duane.