Finalista entre las siete maravillas naturales del mundo, el Salto Ángel es como el velo blanco y largo de una novia tímida y vergonzosa, que frecuentemente se esconde entre las nubes y solo se deja ver para coquetear cuando ella quiere. Sus 979 metros de altura lo sitúan como el más alto del planeta. El acceso a su base por vía fluvial para observarlo de cerca es una auténtica aventura.


El Parque Nacional Canaima tiene una extensión de 30.000 km2, siendo el segundo más grande de Venezuela y el sexto del mundo. Está situado en la esquina sureste del estado Bolívar, colindando con Brasil y Guyana. Se caracteriza especialmente por la presencia de altas mesetas llamadas “tepuy”, de paredes perpendiculares y cimas prácticamente planas donde abundan especies endémicas de flora y fauna y por su Gran Sabana. El parque fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994.

El Auyantepuy, es el tepuy donde se origina el Salto Ángel. Tiene una altura de 2.535 metros sobre el nivel del mar y una superficie de 700 km2. En lengua pemón significa “montaña del diablo”. No resulta aconsejable aventurarse por su cuenta en un terreno desconocido y accidentado como éste. Lo mejor es contar con especialistas y para ello elegimos a la compañía Akanan Adventures con veintidos años de experiencia aventurera en toda Venezuela.

Hacia el Auyantepuy
La expedición partía del pueblo de Canaima al borde de la laguna de mismo nombre a donde solo puede accederse por avión. Desde Caracas volamos hasta Puerto Ordaz y de allí a Canaima en un pequeño avión de la aerolínea Transmandu. Un aeropuerto básico, con un terminal, por llamarlo así, que no es otra cosa que una simple construcción cuadrangular, en la que conviven el bar, los puestos de ventas de artesanías y una mesa con dos sillas, que es la oficina de la compañía aérea. Eso sí, lleno de gente alegre y desenfadada.

Llegamos al mediodía y nos trasladamos a nuestro primer alojamiento, el campamento Wakü Lodge, a la orilla de la laguna, hotel con todas las comodidades deseadas por un viajero. El maravilloso jardín bordea la laguna llena de contrastes entre sus aguas calmadas y un telón de varias cascadas que con sus bravas y espumosas aguas, buscaban nuestra atención. Me tumbé en una hamaca con un refresco en la mano y me perdí en el tiempo mientras mis ojos se deleitaban con el espectáculo que la naturaleza me ofrecía.

Después del almuerzo en el bien preparado bufet del hotel, llegó Ato, un indígena ataviado con el traje típico (medio desnudo y descalzo) quien sería nuestro guía para las actividades de la tarde. Nos montamos en una curiara, canoa hecha de una pieza del troco de curiara, un árbol de madera muy dura. Ato en la proa dirigió la travesía por la laguna de Canaima para ver de cerca los saltos de Ucaima, Guadaima, Golondrina, Hacha, El Sapo y El Sapito.