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A veces el destino nos tiene preparado sorpresas y en el trascurso del correr de los años se descubren habilidades ocultas que uno no se imagina que las tenga.

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Este es el caso de Mariela Villasmil-Kemiski, que cuando jovencita su sueño era ser diseñadora de alta costura, aprendiendo a coser, a hacer patrones y también dibujar sus vestidos soñados. A la hora de ir a la universidad en su ciudad natal de Maracaibo (Venezuela) no había esa carrera, así que como mal menor decidió inscribirse en la Facultad de Artes de la Universidad Católica “Cecilio Acosta” en donde descubrió su pasión por la pintura y su habilidad con los pinceles, que la llevarían a ser la artista de renombre que es hoy en día. Ya nadie la podía parar. Continuó su educación principalmente en Italia en Universidad de Bellas Artes de Roma donde estudió pintura sobre porcelana, en la Academia de Arte de Breda donde estudió anatomía humana y en la Escuela de Arte Ferrara en Bolonia donde aprendió sobre la química, historia y técnicas de vidrio policromado del siglo XVII.

Su estancia en Italia se extendió durante siete años en donde además trabajó en diversos proyectos de restauración y para una Congregación del Vaticano como pintora de óleos y porcelana. Esta circunstancia le proporcionó la oportunidad de recibir una invitación para ir a ver al Papa Juan Pablo II. Durante la visita ella le regaló un medallón de porcelana con la imagen de un ángel, que él apreció tanto que la guardó para sí, con sus cosas personales. Después los secretarios del Papa la pidieron que hiciera una imagen de él en un plato grande de porcelana para regalársela con motivo de la conmemoración del año Jubileo.
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En su arte, hay dos cosas que más la gustan: pintar retratos y usar la porcelana como soporte. Le fascinan los rostros y expresiones de las caras. Ella es muy abierta y le gusta la gente. Y la porcelana le da a la pintura una capa transparente y semi brillante que realza los colores. En muchas de sus pinturas en porcelana podemos ver rostros de bellísimas mujeres en un estilo que podría recordar esas modelos de alta costura que ella visionaba cuando jovencita. Además, la enseñanza es otra de sus grandes pasiones que la lleva a recorrer el mundo, especialmente Europa, dando talleres y conferencias. Reside en Dallas (USA) con su esposo e hijo, así que estos desplazamientos por varios meses, hacen que su vida sea un constante juego malabar para acomodar el trabajo y la familia. Sus trabajos se exponen en numerosos museos y galerías de Norteamérica, Europa y Venezuela.