Nuestro campamento en Phuyupatamarka
Llegamos a Pisqaycucho donde se encuentra el Registro del Camino Inka o Kilómetro 82. Antes de cruzar el puente del Urubamba paramos para tomar una foto del grupo entero. Hace mucho calor y el brillante sol me quema la piel. Me quito la chamarra y la camiseta termal. Me protejo con un sombrero, bloqueador de rayos ultravioleta y repelente contra insectos. Me pongo la mochila y cojo mis bastones y comienzo mi camino inka.

Vamos acompañados de un grupo de porteadores de la comunidad Chaquepay y un equipo de cocineros liderado por Teófilo Gutiérrez, el excelente chef que nos preparó desayunos, almuerzos y cenas. La comida era deliciosa e increíblemente bien presentada. No tenía nada que envidiarle a los mejores restaurantes. Cada día salimos con solo nuestra propia mochila. Los porteadores llevaban nuestras tiendas de campaña, una tienda común, el agua, la comida y los implementos de cocina y baño. Nuestros guías, Sergio Cuba, Omar Aragón, Eddie Pizarro, Cristóbal Cuba y Juan Carlos Dueña son una fuente de información, amabilidad y de inspiración en el momento preciso.

Superamos dos impresionantes abras antes de llegar al Inti Punku o “Puerta del Sol” para ingresar a Machupicchu. La más alta se llama Huarmihuañusca, “Paso de la Mujer Muerta” de 4.200 metros de altitud. Antes de cruzar el Inti Punku hay que escalar 150 gradas conocidas por los nombres de “gringo killer” o “las gradas malditas”. Después de cuatro días y tres noches fue como una prueba de resistencia y determinación. Ambos están aptamente denominados.

Fui la última del grupo en llegar a Phuyupatamarka y ya estaba muy obscuro. Pero a la hora de la cena hay mucho que celebrar: nuestra amistad, nuestros esfuerzos, lo que el camino nos ha dado hasta ahora, y en especial, el cumpleaños de Ana Ruzo. La comida está sabrosísima. Pero nos espera una sorpresa. Los porteadores han cargado un horno especial y nuestro chef ha preparado una torta deliciosa. La presentan y todos cantamos Feliz Cumpleaños. Compartimos lágrimas, risas, más canciones y anécdotas.

Es nuestra última noche en el reino de los Apus (espíritus de las montañas). Hace un frio entumecedor. El pesado cansancio, la gran altura y ese frío desolador, debían haber conspirado para mandarnos a todos y cada uno al refugio de nuestras tiendas de campaña. Sin embargo pudo más la claridad de la noche con su plateada luna rodeada de millares de estrellas. Ahí estamos bien abrigados y abrazaditos en pares o grupos haciéndole frente al frío. Bajo ese cielo, con los Apus y la Pachamama (Madre Tierra) de testigos, y sin necesidad de palabras, recibimos la gran paz del entorno y nos transmitimos un profundo amor.