Caperuza: Óleo sobre lienzo
Juan Carlos del Valle vive rodeado de belleza, cuidando sus impresiones visuales y auditivas sobre todo. Los íntimos conocen su pasión por el cine y por la música clásica. Posee ojos y oídos sibaritas tan bien entrenados como sus manos con los lápices y los pinceles. Unas pocas notas de una pieza musical, un momento de silencio y un nombre sale de su boca: “Esta versión la dirige Celibidache”.

Si en la vida diaria Juan Carlos del Valle busca la belleza, en su expresión pictórica busca provocación y se cuestiona en una eterna pregunta que se retroalimenta con las posibles respuestas. De alguna forma la pintura se convierte en una válvula de escape de su inconsciente.

Extremadamente sensorial, observador, casi cazador,  transfigura su pintura en un universo catártico, una purga, una necesidad de purificación para poder seguir viviendo.

Con el proyecto El Pan de Cada Día (Our Daily Bread) más de treinta y cinco mil personas visitaron durante veinticuatro días las doce iglesias en las que tuvo lugar la intervención pictórica. Allí el arte contemporáneo se enlazaba con las tradiciones católicas, con la representación pictórica de alimentos industriales cotidianos que reinterpretan la iconografía tradicional religiosa.

¿Su más reciente proyecto? Centrarse en la internacionalización de su obra. Comenzó con una exposición en el Museum of Biblical Art (Museo de Arte Bíblico) en Dallas (Texas) llamada Temptation (Tentación) durante la cual, además de El Pan de Cada Día (Our Daily Bread), hubo ocasión de contemplar obras nuevas que invitan a reflexionar sobre la tentación, ese punto de inflexión al que nos enfrentamos diariamente, usando como pretexto una vez más los alimentos.

Es la tercera exposición de Juan Carlos del Valle en Estados Unidos tras un largo recorrido de exposiciones en los museos más importantes de México.