Reducción Jesuítica de La Santísima Trinidad del Paraná
Agua maravillosa
Muy tempranito me despertaron los truenos y relámpagos que acompañaban a una lluvia torrencial. Me encuentro con Jorge, el guía. Ricardo, nuestro conductor me pide la maleta, la protege de la lluvia y salimos rumbo a Ciudad del Este.

La lluvia caía como una densa cortina de agua y formaba pequeños ríos en las calles. Sin embargo, la pericia al volante de Ricardo nos lleva con tranquilidad hasta el Hotel Casino Acaray, muy cerca de la frontera con Brasil, al lado de la entrada paraguaya a las Cataratas de Iguazú. El hotel está lindísimo y su personal atento al menor detalle. Hambrienta, me dirigí al restaurante.

La lluvia se había calmado y pudimos realizar una visita guiada a la represa hidráulica de Itaipu. La represa es el resultado del extraordinario esfuerzo y acuerdo binacional entre Paraguay y Brasil. La palabra itaipu significa “piedra que suena”.  He visitado el Canal de Panamá y me ha impresionado de igual manera.

Al día siguiente hicimos un recorrido de los centros comerciales que es la especialidad de esta dinámica ciudad. Productos de todo el mundo y marcas de lujo a precios razonables se dan cita en los comercios. Todo el mundo habla portugués y no sorprende al comprobar la cantidad de brasileños que llegan a jugar a los casinos y a comprar un sinfín de mercancía.
Bella y dulce Asunción
La tercera jornada comenzó con una visita a los Saltos del Río Monday y el Parque Municipal Aqua. Tras descender las escaleras, llegamos al mirador. Me quedé admirada ante la espectacular belleza. El abundante caudal rompe y cae por más de cuarenta metros produciendo gran estruendo. Asombrada observé algo que entra y sale de las cataratas. Al fijarme bien me di cuenta que eran pajaritos.

Parecen participar en un juego de “corre que te alcanzo” con el agua fumigada de la catarata. Desafían la fuerza del líquido con que júbilo que me contagian. Al dejar el parque me sorprendió muchísimo que no haya más visitantes aunque no lo lamento. Disfrutar de la bellísima catarata en silencio, rodeada solamente de frondosa vegetación y arboledas hace que este espectáculo natural sea aun más precioso.

Con hambre y prisa, comimos empanadas por el camino a las ruinas de las misiones jesuíticas.

Bajo el embrujo
El legado jesuita en Paraguay es extraordinario y las ruinas de sus misiones son un testimonio mudo de ello. Caminamos por la Reducción de Jesús de Tavarangüe mientras nuestra simpática guía explicaba cómo los jesuitas la fundaron en 1685 a orillas del río Monday. 

Seguidamente nos dirigimos a la Reducción de La Santísima Trinidad del Paraná, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la UNESCO. Nuestro guía posee un conocimiento enciclopédico sobre las Reducciones Jesuíticas.

Faltaban un par de horas para que cayese el sol y aprovechamos todo lo posible la luz. Cuando cayó la noche se iluminaron las ruinas y comenzó a sonar la música. Imágenes se proyectaron en la pared de su nave principal. Subimos las escaleras del campanario para ver la plaza iluminda. Se me erizó la piel. La vista era como si la Tierra se hubiese volcado y los luceros de pronto se encontraban a mis pies. Sentí con fuerza la magia de este lugar y el embrujo de esta hermosa noche.