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Es curiosa la expresión “tomar el pelo”. Bien vista, no equivale a “burlarse de alguien”, pero el uso le ha dado este significado. ¿Cuál habrá sido el origen de esa peculiar oración?

Es difícil saber cómo surgieron los dichos porque estos suelen tener un origen popular, no escrito. Algunas versiones indican que “tomar el pelo” deriva de los cortes de cabello que se les aplicaban a los presos nuevos y a los reclutas, por motivos de higiene. Unos y otros se tomaban tal “rapada” como una burla.

La palabra ‘tomar’ tiene muchos significados, y uno de ellos es “quitar o hurtar”, de modo que ‘rapar’ es ‘quitar’ y ‘tomar’ el cabello de alguien.

Una versión distinta supone que ‘tomar’ equivalía a ‘jalar’ el cabello o la barba de otro, lo que en Europa era una ofensa grave. En el Poema del Cid, se narran escenas en las que “mesar (jalar) la barba” podía ser causa de un duelo mortal. La idea de esta ofensa se remonta a griegos y latinos, entre quienes la barba también representaba la dignidad del hombre.

Y como última palabra sobre los dichos, uno muy conocido se remonta al Siglo XV: “Si ves la barba de tu vecino pelar, pon la tuya a remojar”. La idea del refrán es que debemos aprender de los males que sufren los demás para no caer en los mismos errores y sufrir idénticas consecuencias.