La actriz Rachel Weisz como Hipatia en la película Agora
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Decimos “alquimia” y pensamos en oscuros y mágicos laboratorios dedicados a la transformación del plomo o el cobre en oro. Pero hay mucho más que esa quimera en un saber que combina filosofía y química, física, astrología, metalurgia, misticismo y arte, adelantándose a las posiciones holísticas actuales. 


Durante siglos, la alquimia se dio en Mesopotamia, el antiguo Egipto, Grecia y Roma y, más adelante, en Europa. No hay duda de que su ejercicio es precursor del método científico; observaban, medían, documentaban y mantenían una conexión creadora entre intuición y experimentación.

La ciencia moderna ha rescatado su lugar, a través de las investigaciones de científicos de la relevancia de Stephen Hawking, quien ha manifestado que la idea de la transmutación (la alquímica transformación de un elemento en otro) fue quizá el primer paso en la dirección correcta para poder desentrañar los secretos del universo.

Las mujeres alquimistas jugaron un rol extraordinario en el desarrollo científico aunque solo recientemente se comienza a reconocer su gran aportación.