Mistura en Lima (Perú) es la magna feria gastronómica sin igual en Latinoamérica.  Un festival donde se celebra la tradición culinaria peruana y su rica biodiversidad, que cada mes de septiembre abre sus puertas reafirmando así la cultura del país y su identidad como nación.

El descubrimiento de la maravillosa y rica cocina peruana no es algo de ayer pero no hay duda que en los últimos diez años ha tomado un tremendo impulso gracias  a la audacia de jóvenes chefs. Ellos han sabido combinar la cocina tradicional a base de ingredientes propios del país con matices contemporáneos. Así, poco a poco han ido conquistando el paladar de los más exigentes de la gastronomía mundial.

Sin embargo los amantes del buen comer y beber no nos conformamos solo con el placer de degustar un platillo sino que deseamos ir mucho más allá. Nos gusta conocer los orígenes de cada plato y de sus ingredientes. Rebuscando información descubrí que ir a Mistura sería una opción ideal para matar muchos pájaros de un tiro.

La quinta edición de feria se celebró del 6 al 16 septiembre de 2012 y se ubicó en el Campo de Marte de Lima, un recinto muy espacioso, bajo el lema: “Mistura. ¡Me gusta!”. Está organizada por la Sociedad Peruana de Gastronomía (APEGA) y a ella asistieron más de medio millón de personas.  La feria ha llegado a ser tan popular durante los cinco años de existencia que se ha creado una propia jerga. “Misturear” es el hecho de ir a la feria: “¿Vamos a misturear esta tarde?”. El “misturero” es la persona que va a la feria: “Los mistureros hacían largas colas para degustar…”

La feria
En el recinto ferial se distinguían claramente varias zonas temáticas definidas y el resto se encontraba salpicado por el amplio terreno al aire libre. El Gran Mercado es el corazón de la feria, donde agricultores y campesinos de diversas regiones de la sierra, costa y selva del Perú, exponen sus productos: 250 productores en 120 puestos.


Es la oportunidad de entrar a un mundo desconocido y descubrir las enormes posibilidades.  Los granos andinos fueron los más promovidos, en especial la quinua, ese grano con tan enorme poder alimenticio que se visualiza como el alimento del futuro para paliar la mala alimentación en ciertas aéreas del mundo.

Recordemos que la quinua es parte de la dieta de los astronautas de la NASA.

Pero hay otros granos como la kiwicha y cañihua que darán que hablar también. O el aceite natural de Sasha Inchi con alta concentración de omega 3, 6 y 9. Y si hablamos de las papas, en Perú se producen más de 2.000 variedades de papas.

El Rincón del Pan se encuentra en un pabellón que, sin duda alguna, durante once días se convierte en la panadería más grande del país. Aquí se dan cita panaderos y panaderas de todas las regiones para amasar y hornear más de 50 variedades de pan: trigo, papa, anís, chancaca, maíz y queso entre las más populares.

Los panaderos parecen hormiguitas blancas, diligentemente trabajando las masas sobre las mesas, de allí al horno y a los mostradores de venta. Y cada cierto tiempo todos paran y se ponen a bailar al son de una música para deleite del público, momento conocido como El Baile de los Panaderos.

En otro pabellón se encuentra El Rincón del Chocolate como máximo exponente del cacao peruano, sus productos y derivados, en donde exponen productores y reconocidas marcas de chocolates peruanos. Chocolate caliente, en helado, en mousse, en licor, para degustar.  En fin, chocolate es chocolate y al que le gusta lo degusta, se lo ofrezcan como se lo ofrezcan. Ni que decir tiene que es uno de los pabellones más visitados.


Y otro producto bandera del país es el pisco, así que no podía faltar el Salón del Pisco y el Café, situado en otro pabellón separado. Aquí fue un poco diferente que en otras secciones de Mistura, pues el pisco es más que un licor, es historia, es elaboración y apreciación. De modo que en una pequeña aula se daban clases sobre los orígenes, las variedades de uvas pisqueras y cata de los distintos piscos más significativos así como recetas de cocteles, entre ellas las del conocido pisco sour.

Después de las clases, para seguir el “entrenamiento”, numerosos productores de pisco ofrecían su transparente líquido para probar. Como novedad, se abrió por primera vez  una vitrina de exposición con más de mil botellas diferentes de pisco recolectadas a lo largo y ancho del país, labor verdaderamente ardua y complicada.

Quizás para despabilarse después de tanto pisco, nada mejor que una buena taza de café, así que sin salir del pabellón, varios expositores ofrecían las variedades de café más selectas de las regiones cafeteras, para su degustación y venta.

Tampoco podían faltar los postres, así que en el Rincón de los Dulces se encontraban concentradas innumerables delicias de pasteleros traídas de todo el país. La conocidísima repostera y personalidad de la televisión peruana Sandra Plevisani fue la encargada de coordinar el rincón.