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Galicia en España, bañada por las frías y bravas aguas del Océano Atlántico, produce sabrosísimos pescados y mariscos, en donde el cultivo del mejillón, es una de las piezas importantes en la economía gallega, y un orgullo para todos los que participan en la industria.

Ir a Galicia y no probar el mejillón, es casi un pecado mortal. Su sabor es único por las condiciones tan especiales del ecosistema donde se cría, que son sus rías. Las rías, son una penetración del mar en la desembocadura de los ríos, en consecuencia es una zona en donde se mezcla del agua dulce con la salada, ricas en plancton y otros microorganismos. Los mejillones son animales filtradores de alimentos que viven agarrados a un sustrato. Hacen pasar el agua por su cuerpo y así atrapan su alimento.

Antecedentes
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Se tiene conocimiento a través de excavaciones en la región, que el mejillón fue parte del alimento de los primeros pobladores de la costa gallega, allá por el siglo IV a.C. Por siglos se ha consumido pescándolo en las rocas, su ambiente natural, donde viven agarrados a ellas. A finales del siglo XIX hubo los primeros intentos de cultivo, pero no es hasta los 40 del siglo XX cuando realmente comienza la era del cultivo estable, extendiéndose hasta hoy donde Galicia es el segundo productor mundial, detrás de China.

Proceso
El método tradicional del cultivo del mejillón es en “batea”. La batea es una estructura en forma cuadrangular de vigas de madera de eucalipto entramadas, sobre unos flotadores, de la que cuelgan unas cuerdas que quedan sumergidas en el agua y en las que se adhiere el mejillón. Las cuerdas tienen una longitud de de 8 a 10 m y según las regulaciones la batea no puede tener más de 500 cuerdas. La batea va anclada al fondo del mar con un bloque de cemento de 7 a 8 toneladas.El mejillón es hermafrodita, así que no tiene problema en reproducirse así mismo. Las crías, obtenidas bien en las rocas o por diferentes métodos de cultivo, se enrollan en las cuerdas con una malla. Entre los cuatro a seis meses se lleva a cabo el proceso llamado “desdoble”, que consiste en sacar las cuerdas, seleccionar el mejillón por tamaño y volverlo a enrollar en las cuerdas, con objeto de darle más espacio para el crecimiento. Al cabo de aproximadamente unos 18 meses, el mejillón ha llegado al tamaño comercial y está listo para ser extraído de las cuerdas. Después es llevado a tierra, donde pasa por un proceso de depuración con agua de mar para su consumo fresco.

Impacto
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La industria mejillonera en Galicia está altamente regulada, no solo en cuanto a la calidad del producto para consumo humano sino en cuanto al nivel de administrativo ya que la concesión de permisos para la instalar una batea está muy limitado. Existen 3.337 bateas y 1.148 embarcaciones, que producen y mueven unas 410.000 toneladas anuales, generando unos 16.000 puestos de trabajo, de los cuales 9.000 son directos y 7.000 indirectos y un volumen de facturación anual que oscila entre los 300 y los 340 millones de euros. En consecuencia, el impacto económico y social en la comunidad gallega, de la que viven muchas familias, es sumamente importante.

Así pues, cuando se tome un buen aperitivo o plato de mejillones, no se olvide del enorme proceso y la cantidad de gente que hay detrás de ese pequeño molusco, que viven para que usted disfrute.