Los niños son siempre prioridad
Guillermo de la Corte
Los empleados de la alcaldía se convirtieron en el personal de soporte. Ellos ayudaban a rellenar las fichas de inscripción y el motivo por el cual iban a la clínica, dirigiéndoles hacia la especialidad adecuada. El edificio se llenó de gente y uno tras otro, sin parar, fueron pasando por las consultas. Es desgarrador ver como la gente sufre a veces por nada, por no tener a mano una aspirina, que es lo único que necesita. Pero lo peor es que habitualmente no tienen a un doctor con quien hablar para que le diga simplemente eso: “Tómate esta pastillita por la noche antes de acostarte y verás como se te pasa”.

Es impresionante ver la cantidad tan grande de personas  que andan mal de la vista. Los oculistas hicieron felices a muchas personas simplemente regalándoles lentes graduadas después de un examen. Un muchachito de unos siete años no distinguía las letras grandes en la pared, esas que usan los oculistas, a más de tres metros. Cuando el oculista le puso unos lentes con la graduación apropiada, fue indescriptible contemplar la alegría en su cara. Una satisfacción tan contagiosa que a mi se me saltaron las lágrimas y todos en el cuarto nos abrazamos. Era prácticamente como devolver la vista a un ciego.

He de hacer notar, que el equipo médico voluntario del grupo eran todos norteamericanos. Como consecuencia la labor de interpretación entre paciente y médico resultó tediosa y ralentizó el proceso. Algunos empleados de las oficinas de American en El Salvador apoyaron en esta tarea, pero no llegaban a todo, así que dejé mi libreta de apuntes y cámara fotográfica, y me dediqué a apoyarlos. El farmacéutico, por ejemplo, me decía: “Por favor Guillermo, explícale a esta señora cómo se tiene que tomar la medicina”. Y así, a este ritmo desenfrenado pasaron los tres días de la misión médica en la clínica. Todos agotados pero felices de haber cumplido la misión y haber devuelto la sonrisa a muchos.

Algo más
Aunque la idea básica de llevar ayuda médica a rincones olvidados es la base de MWI, en el transcurso de los años se han ido incorporando otras ayudas a las comunidades que apoya. MWI es notoria por proporcionar sillas de ruedas. También apoya en la construcción de casas, en educación para ayudar a jóvenes a obtener una profesión, en ayuda alimenticia para ancianos, en apoyo a campesinos, en definitiva: afrontar todas las necesidades que se van descubriendo en cada misión.

En Ataco tuvimos la oportunidad de visitar algunas de las casas entregadas hace poco tiempo y conversar con sus dueños, de asistir a la entrega de alimentos a los jubilados y donaciones de semillas y fertilizantes para los a campesinos, de celebrar la graduación de diez muchachas que se habían titulado de cosmetología. Asistimos también a la inauguración de un parque infantil, este último construido con fondos de MWI y HLERG (Grupo de Empleados Latinos de American Airlines).

Reflexiones
Se puede predicar todo lo que se quiera sobre lo maravilloso que es ayudar a los demás. Pero para cerrar quisiera solamente comentar lo que me dijo uno de los farmacéuticos de la misión a Ataco, Tim Karson: “Yo estoy prácticamente retirado. Tengo el suficiente dinero para irme de viaje, de cruceros, pero no hay nada que más satisfaga personalmente que venir a estas misiones y ayudar a esta gente”.

Si hubiesen visto la alegría y agradecimiento, como yo he visto en Ataco, por una simple pomada o pastilla contra el dolor que no vale ni un centavo, estoy seguro que vaciarían sus bolsillos. Así que cualquier donación a MWI da para mucho y siempre será bienvenida por pequeña que sea. 

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