La Isla de Margarita está situada al noreste de Caracas en el mar Caribe. Junto con las islas de Coche y Cubagua constituyen Nueva Esparta, el único estado insular del país. El acceso más cómodo es por vía aérea, principalmente desde Caracas o Valencia, en un corto vuelo que no llega a una hora y cuyos precios son muy económicos. También se puede ir por ferry desde los puertos de Cumaná y Puerto La Cruz, pero son viajes largos y pesados, solo aconsejables en el caso de querer llevar un vehículo.

Básicamente la isla está compuesta por dos macizos montañosos unidos por un istmo de baja altura, una laguna y una línea de playa. La zona occidental se la conoce como la Península de Macanao y la oriental como Paraguachoa o Margarita Oriental o simplemente la isla. Mientras que la península es árida y casi desértica, la isla cuenta con mucha vegetación, amén de ser la más poblada y donde se encuentra la capital La Asunción y las ciudades más importantes como Porlamar, Pampatar y Juan Griego.

Pie en tierra
Antes de aterrizar en la isla, había pasado unos días en Caracas, Valencia y Maracay. Yo creía que era un buen conductor pues siempre me he desenvuelto bien al volante en ciudades de tráfico difícil, rápido y zigzagueante como Paris, Roma o Madrid. Sin embargo el circular en esas ciudades venezolanas estaba fuera de mi habilidad. Era como manejar en esos coches de choque en las ferias, donde cada uno va por la dirección que quiere esquivando como puede para no ser chocado. ¡Increíble! Y eso es la primera diferencia que ve uno en la isla. El tráfico es ligero y ordenado, sin quitar de vez en cuando algún tapón circulatorio en épocas altas de vacaciones. Todo es más tranquilo y sosegado. Algunos la categorizan como “la otra Venezuela”.

De todas maneras, para recorrer la isla decidí contratar servicios organizados para ahorrar tiempo y si alguno de los lugares merecía atención aparte, hacer diferentes arreglos para regresar. Me recomendaron la agencia de viajes Aremar, la cual me organizó varios días de actividades.