• Image about Honduras encanto y belleza
Kikor

Bosques tropicales, montañas, valles, sol, aguas cristalinas y playas de ensueño, son los ingredientes principales de un menú vacacional que deleita a cualquiera. Si añadimos como sazón su rica historia maya y colonial, y su diversidad cultural y étnica, ya es un menú que uno no puede perderse. Honduras abre sus brazos invitando al mundo a que lo pruebe.

Honduras es un país que despacito, pero firmemente, va abriéndose paso en los mercados internacionales. Décadas atrás, era prácticamente solo conocido por la industria bananera. Hoy en día, esa industria aún subsiste, aunque no a la misma escala. Ahora se complementa con una floreciente producción de piña y de palma africana, esta última para aceites y biodiesel. A ello hay que sumar la industria cafetera, de café de calidad, que ocupa ya la tercera posición en Latinoamérica en cuanto al nivel de exportaciones. El país es, asimismo, uno de los grandes productores de tilapia, camarones y langosta. No nos olvidemos de los excelentes puros hondureños, internacionalmente reconocidos. Ahora, el turismo, es la gran promesa y Honduras cuenta con todo para atraer visitantes: exuberante y abundante naturaleza, flora y fauna única, grupos indígenas y afroamericanos (garífuna) que aportan sus costumbres y cultura. Todo ello unido al legado prehispánico, maya y colonial.
  • Image about Honduras encanto y belleza
Kikor

> En ruta
Toqué tierra en la capital, Tegucigalpa. La ciudad, familiarmente conocida como “Tegus”, cuenta con un millón de habitantes de los ocho que componen el país centroamericano. Es una urbe vibrante y dinámica que ofrece un poco de todo. Desde los modernos edificios y centros comerciales con las marcas extranjeras más exclusivas a la tiendecita de la esquina que vende telas o los puestecitos de comida callejeros. Su fundación oficial por los españoles se remonta al 1578 como un centro minero debido al descubrimiento de vetas de plata en sus alrededores. Hoy en día es el centro político y administrativo de país, así como de las actividades culturales y artísticas.

Di un paseo por el encantador Centro Histórico lleno de huellas coloniales. La Plaza Central, presidida por la Catedral de San Miguel Arcángel, construida en el siglo XVIII, es el corazón de la ciudad y punto de partida de varios circuitos turísticos. Restaurantes, tiendas y un sinfín de otros establecimientos, dan color y vida a esta área. A corta distancia visitamos la preciosa Iglesia de los Dolores, construida en 1732 por mulatos libres, donde su fachada refleja la mezcla de tendencias indígenas y católicas. También a unas cuadras visitamos el llamativo Museo de la Identidad Nacional, con su fachada pintada en un vibrante color amarillo y blanco, dedicado a todos los aspectos del arte. Por sus salas han pasado grandes exposiciones de Picasso, Goya y Dalí, entre otros.

Toda capital que se precie, cuenta con una agitada vida nocturna, y Tegus no podía ser menos. Fui a la zona del Centro Comercial Los Próceres donde se concentra una gran cantidad de bares, vinotecas, restaurantes y discotecas para todos los gustos. Lo típico es ir saltando de un bar a otro probando los tragos especiales de cada sitio. Bien divertido y animado hasta altas horas de la noche.

Merece la pena resaltar la importancia de la Semana Santa en Tegucigalpa. Muchos participan con fervor en las procesiones en el Centro Histórico. Vigilias nocturnas con vela en mano en la Catedral y desde luego la emotiva procesión del Santo Entierro el Viernes Santo, que se desarrolla sobre alfombras de intrincados dibujos con serrín de colores que preparan sobre el pavimento durante la noche del Jueves Santo, son espectaculares.

A 80 km de Tegucigalpa se encuentra la ciudad de Comayagua, que fue la capital de la provincia de Honduras durante la época colonial, así como después de la independencia de España en 1821 hasta 1880. No hay duda pues que se trata de una autentica joya colonial, representada en sus calles, arquitectura y ritos religiosos. Aquí también la Semana Santa es muy celebrada, y al igual que en Tegucigalpa, las calles por donde pasa la procesión del Vía Crucis el Viernes Santo, están cubiertas de alfombras de serrín coloreado.

Como es habitual en las ciudades coloniales, la Plaza Central, en forma cuadrangular, es el corazón de la ciudad donde se encuentran los edificios de los poderes públicos y religiosos. La de Comayagua preciosamente ajardinada, está presidida por su encantadora Catedral (inaugurada en 1711), la construcción colonial más grande del país, que duró cien años en erigirse. Los tres retablos interiores están decorados en pan de oro. Sin embargo, la atracción principal es el reloj del campanario, construido en el 1100 d.C y traído del palacio de La Alhambra en Granada (España) como regalo del rey Felipe III. Todavía, después de más de 900 años de funcionamiento, día a día, hora a hora, hace sonar puntualmente las campanas. Es maravilloso ver cómo funciona y sobrecoge el hecho de tener en frente de ti tantos siglos de historia. Qué no habrá visto impasible desarrollarse debajo de él, a través de tantos años.