Imágenes cortesía de Celia Cruz Legacy Project

Su nombre evoca memorias de ritmos candentes y canciones que nunca pasan de moda. Celia Cruz era, y continúa siendo, la reina de los ritmos afrocubanos que hoy en día conocemos por antonomasia como “salsa”. Fue una artista para todas las generaciones y todos los tiempos.han pasado más de diez años desde que Celia Cruz dejó este mundo. Fue apoteósica la expresión de amor y dolor del mundo entero. Más de medio millón de personas desfilaron ante su ataúd en Miami y en Nueva York.  Homenajes improvisados se efectuaron en muchas ciudades del mundo. Se encendieron velas, se dejaron flores, se escribieron mensajes y se realizaron un sinfín de tributos en su honor en ciudades tan diversas como la Ciudad de México, Los Ángeles, Helsinki o Tokio.

"Lo que realmente me dejó perpleja, que no podía comprender en ese momento, fue el contraste entre su genuina y exuberante alegría con la cruda realidad de lo que iba a enfrentar"

Un año después  de su muerte, en junio de 2004, se publicó su biografía Celia, mi vida. Para mí ha sido un privilegio muy grande ser su biógrafa. En esta edición de Nexos celebramos a “La Reina”, su vida, su música y su legado.

Imágenes cortesía de Celia Cruz Legacy Project
El alma de Celia
Celia misma decía que ella quería que la gente la recordara como una buena hija, una buena amiga y una buena esposa. Todos los que tuvimos el honor de conocerla saben que fue todas y cada una de esas cosas. Además Celia fue como una maestra para muchos artistas que cuando empezaban ella les alentaba y les daba consejos. Así lo pregonan renombrados artistas que la conocieron cuando eran muy jovencitos y hacían sus pinitos en el mundo del espectáculo como India, Jennifer López, Daddy Yankee, Pitbull, Marc Anthony y Ricky Martin entre otros.

Celia no llegó a ser mamá. Sin embargo fue una figura maternal muy amada por cientos de personas. Ella “adoptó” a más de 150 niños alrededor del mundo. Lo que hacía, en esencia, era convertirse en una madrina para cada uno de ellos. Llegó a saber de muchos de estos chiquitos porque eran sus fans y le hablaban a las estaciones de radio cuando la entrevistaban. Tenía la costumbre de tomar sus datos y a partir de ese momento les escribía cartas, les enviaba postales desde los países a donde andaba de gira, les compraba los útiles para su escuela, les enviaba regalos para sus cumpleaños y para Navidad o el Día de los Reyes Magos. Les hablaba por teléfono y les daba consejos y los niños le enviaban sus calificaciones porque para ella la educación era lo principal.

Nunca se me olvidará el día que la entrevisté para la portada de la edición de enero de 2003. La entrevista y sesión fotográfica, que duró seis horas, se efectuó en Nueva York el 24 de septiembre de 2002. Celia fue cariñosa, alegre y muy cómica. Nos contó cuentos, cantó, bailó y nos cautivó con su tremenda personalidad. Sin embargo, al momento de despedirse, nadie más que yo sabía, que a la mañana siguiente iba a ingresar al hospital para comenzar un tratamiento contra el cáncer, el cual al final le cobraría la vida. Lo que realmente me dejó perpleja, que no podía comprender en ese momento, fue el contraste entre su genuina y exuberante alegría con la cruda realidad de lo que iba a enfrentar. Esa noche aprendí a saber cómo vivir cada momento.

Celia fue una mujer integra, generosa y bondadosa que no pedía pleitesía ni consideración especial simplemente por ser “Celia Cruz”. Ella sabía muy bien su lugar y su valor.  Fue una gran mujer y un “espíritu maestro”. Después de una década de haber publicado su biografía, sigo asimilando lo que su gran sabiduría y verdadero amor por los demás me demostró. Quiero de todo corazón seguir su ejemplo de andar por el mundo dispuesta siempre a compartir con los demás y recordar que aún en los momentos más difíciles siempre hay algo que podemos agradecer.