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Una de mis canciones predilectas dice así: “Gracias a la vida que me ha dado tanto…” Me imagino que cuando su autora, Violeta Parra la escribió, seguramente se sintió tan agradecida como me siento yo ahora.

Por motivos de mi trabajo, he viajado muy lejos del suelo donde nací a lugares como Borneo, Brasil, Malasia o Japón para nombrar algunos. Qué dicha la mía tener como escuela estos viajes y así poder conocer y hacer amistad con tantas personas con perspectivas y costumbres diferentes a las mías que me enriquecen intelectual y espiritualmente. Siento un profundo agradecimiento de haber visitado tierras que cuando era niña solo conocía a través de mis preciados libros.

Hace poco, tuve ocasión de pasar unos días en el Monasterio de Nuestra Señora del Espíritu Santo (Monastery Of Our Lady Of The Holy Spirit) en Conyers en el estado de Georgia (EE.UU.). Es un monasterio cisterciense donde los monjes se dedican a la contemplación y al trabajo. Pasan la mayor parte de su día en silencio, trabajando en su panadería o su huerta y haciendo un sinfín de cosas relacionadas con la manutención de su monasterio.

También reciben huéspedes que buscan retirarse por un tiempo de la agitada vida “cómoda y civilizada”. El pasar unos días entre el silencio, las oraciones, los cantos gregorianos y el bellísimo entorno natural fue un descanso total para mi cuerpo, mi mente y mi espíritu; motivo de sobra para dar gracias.

Sin embargo, me ha quedado muy claro que cada día es motivo de dar gracias pues la naturaleza que nos envuelve y nos nutre sin mayor esfuerzo de nuestra parte, es generosa y benévola.

Para nosotros es muy grato compartir con ustedes nuestras experiencias a través de las páginas de Nexos.

¡Gracias a la vida!
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Ana Cristina Reymundo
Directora de redacción de Nexos