Turismo marinero
Una de las máximas riquezas de Galicia es la pesca. El visitante puede embarcarse en un bote de pesca y compartir jornada con la tripulación en un atractivo programa de turismo marineiro, pescando, mariscando y trabajando bien duro.

También se pueden descubrir en las rías los secretos de las bateas de mejillones o los criaderos de ostras o disfrutar en las lonjas la agitada subasta de pescado y marisco recién sacados del mar.

No pueden faltar las visitas a las rías, fenómenos geológicos muy especiales que se dan en pocos sitios más (Irlanda, China, Bretaña). Valles tectónicos hundidos, de profundidad moderada, forman costas transversales por la penetración del mar y afectados por los movimiento de las mareas, por lo cual se produce en su interior una mezcla del agua dulce del río con el agua del mar.

Faros y Playas Salvajes
El mar de las costas gallegas es bravo, fuerte, con aguas espumosas en las que en su día los marineros avistaban sirenas y escuchaban sus cantos entre el oleaje. La costa gallega se desarrolló durante milenios por la el resultado de la furia de esas aguas encrespadas. Marea a marea se moldeó el litoral produciendo desde playas salvajes a cortadas y precipicios.

Dada la inseguridad del salvaje océano, la costa está custodiada por numerosos faros, localizados en enclaves estratégicos. Su luz ha salvado incontables vidas y ha llevado a buen puerto a miles de embarcaciones. Forman parte no solo del paisaje gallego sino de su supervivencia.

rAguas termales
La literatura, la leyenda y hasta la canción gallega dedican gran parte de su mitología a las aguas, mares, ríos y aguas termales. Desde la época romana se conocían y se utilizaban para sanar el cuerpo. Los baños termales, elegantes y a la moda en el siglo XIX eran el lugar de encuentro de la alta sociedad. Hoy resurgen con la misma fuerza que sus manantiales, ofreciendo sus propiedades a toda la sociedad.

Tratamientos clásicos de sanación combinan hoy su oferta con el relax, la estética, mantenimiento de la buena forma física y combinan –cómo no– deportes locales, visitas turísticas y gastronomía. El Balneario de La Toja, uno de los clásicos promueve sus propios productos muy populares en toda España.

Bosques de Galicia
La segunda constante gallega además del mar es el bosque donde el aíre salino de la costa se transforma en aroma a musgo y el sonido del romper de las olas se convierte en burbujeo cantarín de arroyo.

Flora y fauna se esconden entre crujientes hojarasca que resuena con nuestros pasos entre densos encinares, robledales o castaños. Entre estos gigantes húmedos nacieron las más prodigiosas leyendas, esas de brujas y duendes que plagan el acervo cultural gallego.