Tierra montañosa y frondosa de lluvias y nieblas, azul de mar profundo, gris de acantilados vertiginosos, sosegada de rías, triste de nostalgias de emigrantes, insondable de mitos celtas y leyendas cristianas. Galicia irradia un mundo cuyo pasado vive en el presente plasmado en cada ermita, en cada amuleto y en cada adoquín.


“Todos los caminos conducen a Roma” dice el refrán. Sin embargo en Galicia, todos los caminos conducen a Santiago de Compostela, lugar de peregrinación para miles de creyentes que arriban de todo el mundo. El Camino Inglés, el Camino Francés, el Camino Portugués, el Camino Primitivo, el Camino del Norte y muchos más. Cualquiera de ellos supone un recorrido y unas vivencias personales y espirituales sin paralelo.

Pero antes de llegar a nuestro destino, o una vez establecido el campamento base en alguno de sus bellos hoteles escondidos en las calles empedradas de Santiago, Galicia ofrece un mundo entero a explorar. Recorridos que representan el alma de esta tierra nostálgica donde el bosque y el mar encierran leyendas de héroes celtas, gigantes crueles, brujas buenas (meigas), duendes burlones y fantasmas no de muertos sino de vivos.

He aquí los recorridos mas llamativos y sorprendentes:

Ruta de las camelias
La perfumada flor forma parte del paisaje gallego desde el siglo XIX, concretamente el de sus “pazos”, casas de campo con grandes propiedades al estilo de las country houses inglesas con bellos jardines, huertas y bosques donde la camelia es protagonista. Llegada de oriente de manos de navegantes portugueses e “indianos” gallegos, Galicia fue uno de los primeros lugares donde se plantó.

Exquisitos jardines adornan mansiones campestres donde se pueden disfrutar de cerca de ocho mil variedades. Muchos de estos pazos son ahora de propiedad pública, pertenecen al patrimonio histórico de la región y algunos ofrecen alojamiento además de visitas.

Santuarios mágicos
Las leyendas celtas permean la cultura gallega y la devoción católica a Santiago se mezcla con historias mágicas de fuentes milagrosas, piedras con poderes sanatorios y el culto al sol, que nace y muere cada día en el océano, allá donde se acaba el mundo. Muchos de los santuarios cristianos están localizados justamente mirando al mar en dirección al ocaso del astro rey, en los mismos puntos reconocidos arqueológicamente por ser lugares de culto celta.

Estos lugares situados estratégicamente eran considerados sagrados por los celtas por ser “lanzaderas de almas”. El espíritu de los muertos paraba aquí antes de “lanzarse” a la otra vida, con el ocaso del sol. Desde estas cortadas batidas por las fieras olas, mirando al fin del mundo, el alma partía en su nuevo viaje.