La ciudad culta
Había escuchado a mis amigos bogotanos decir que a Bogotá se le ha denominado como la “Atenas Suramericana”. Con una oferta cultural tan grande que varía desde bibliotecas, museos, galerías y teatros, tuve que reducir mis selecciones cuidadosamente ya que un día y dos noches no me daba tiempo de apreciar más que una muy reducida selección.

Cabe mencionar que la UNESCO considera a Bogotá parte de la Red de Ciudades Creativas y que en el 2007 le otorgó el título de “Capital Mundial del Libro” y en 2012, la designó como “Ciudad de la Música”.

Después de un sabroso desayuno de arepas con queso y una taza del emblemático café colombiano, en casa de mi amigo Mauricio, él y yo nos dirigimos hacia el sector histórico conocido como La Candelaria.

Me impresionaron las esculturas que de pronto sorprenden por estar en los más inesperados lugares. Me encantó una de un niño que parecía haberse resbalado en el balcón de una de las casas del famoso barrio. Otra fantástica escultura se encuentra sobre el techo de un edificio. Es un malabarista montado en una uniciclo con una serie de objetos suspendidos en el aire.

La Plaza Mayor es un sitio de encuentro para muchas personas y un lugar ideal para las familias donde los chicos pueden correr libremente sin mayor peligro entre las abundantes palomas mientras sus padres los vigilan relajadamente algunos pasos atrás.

Por supuesto que no falta el carrito del señor que vende frutas o helados. Así como el intrépido ambulante, con su caballito enano o su llama, dispuesto a vender a los padres una foto de sus hijos montados en uno de esos dóciles animalitos que además están muy festivamente ataviados. Naturalmente, los animales son irresistibles para los niños y la foto resulta muy difícil de negar. El ambiente familiar me hace sentir feliz.

Dejamos la plaza para visitar el Museo Botero que también está situado en La Candelaria. Alberga una numerosa colección de obras donadas por Fernando Botero, el renombrado escultor colombiano. De las 123 obras, 87 de ellas forman parte de su colección personal e incluyen obras por grandes maestros como Picasso, Dalí y Degas, entre otros. Las demás obras fueron realizadas por el mismo Botero.