Misa en el Monasterio de Nuestra Señora del Espíritu Santo

Aislada, rodeada de mansa naturaleza, me retiro del mundo y del bullicio. Mi viaje al Monasterio de Nuestra Señora del Espíritu Santo en Conyers (Georgia, EUA) me ofreció la excepcional oportunidad de vivir unos días dentro de una comunidad de monjes cistercienses.



El monasterio ofrece un amplio y atractivo programa de actividades comenzando con talleres sobre fotografía, pasando por conferencias sobre relaciones familiares y hasta seminarios sobre las vidas de los santos, sus escrituras y sus disciplinas espirituales. En esta ocasión, ofrecían un retiro sobre la mística anglicana, Julian of Norwich [1342 – 1416(?)].

La vida de los místicos siempre me ha inquietado y ha sido una fuente para saciar mi curiosidad espiritual. No se sabe mucho de Julian of Norwich. Sin embargo, su obra Revelaciones del Amor, ensayos sobre el Amor Divino contempla el sufrimiento de la humanidad y revelaciones sobre la Santa Trinidad, tan profundos e intelectualmente rigurosos como los de Santa Teresa de Ávila.


Our Lady of the Holy Spirit Monastery OCSO

2625 Highway 212 S.W.
Conyers, GA 30094-4044

770-483-8705

E-Mail: monastery@trappist.net
www.trappist.net

Red mundial de monasterios de la orden OCSO (Order of Cistercians of the Strict Observence). ww.ocso.org

En el espacio de esos tres días aprendería a guardar el silencio, a despertarme antes de la madrugada con el único propósito de orar y meditar; trabajaría en el huerto cosechando verduras, haciendo de mis labores una ofrenda espiritual. También varias veces al día, cantaría los salmos con los monjes en el santuario del monasterio.

Se tarda media hora del aeropuerto de Atlanta al monasterio. Llego y me entregan las llaves de mi celda. Es pequeña y sencilla, parca. Tiene una ventana con vista al pequeño campo santo lleno de cruces blancas que marcan el lugar donde están sepultados los monjes que han dejado sus labores en este mundo para recibir su descanso eterno.

La vista del cementerio me transmite una gran paz. La sencillez de las cruces me llama a bajar mientras queda luz para pasar unos momentos en reflexión en ese lugar. Busco la salida y me dirijo rápidamente hacia un enorme muro de ladrillos y sigo el camino semicircular hasta llegar al cementerio. El silencio me proporciona unos minutos de armonía difíciles de encontrar en la ajetreada vida diaria.

Antes de cenar me reuní con el hermano Callistus Crichlow quien sería mi guía y conexión al claustro. Es así como me entero que sin querer he violado la privacidad y exclusión del claustro al entrar al panteón. El monasterio tiene sus áreas públicas, sus áreas para huéspedes y su claustro dentro del cual está el panteón.

LA VIDA CONTEMPLATIVA
Son las 3:30 de la madrugada. He despertado muy sosegada y me preparo sin prisa para hacer las oraciones de vigilia. (Salmo 119:148 – “Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche...”). Escucho los pasos suaves de otros en retiro bajando por las escaleras que dan a la capilla. Está muy obscuro y enciendo una pequeña linterna que tengo en la punta de mi bolígrafo. Entro y se me eriza la piel. En la penumbra veo las sombras de los monjes encapuchados; sus suaves murmullos hacen que me detenga antes de dirigirme hacia un asiento con suprema reverencia.

Son las 4:00 de la mañana y recibimos la hora con oración y contemplación antes de escuchar el Lectio Divino. La oración contemplativa es la orden para comenzar el día. 
                                
No se me hace fácil. Durante la meditación mi mente brinca de un pensamiento a otro y se tranquiliza solo por unos escasos momentos. No estoy segura pero creo que me quedé dormida unos momentos.