La película cantada en inglés y con deliciosas actuaciones secundarias de Sacha Baron Cohen y Helena Bonhman Carter como los Thénardiers, así como un valiente Russell Crowe como Javert, es tan fascinante en las manos del director británico Tom Hooper (The King´s Speech) que lo dejará con el corazón rebosante y el sonido de la voz de Hathaway grabado en su memoria.

Y para seguir con las adaptaciones del mundo de la literatura con un toque teatral, llegamos a la versión que el reconocido director Joe Wright (Pride and Prejudice) y su musa Keira Knightley (su tercera colaboración en mancuerna) hacen de la historia de la Anna Karenina de León Tolstoi.

El director coloca a su auditorio en el palco de un maltratado teatro, ahí en el proscenio, el paso de gatos y tras bambalinas aparecerá la Rusia imperial en 1874, ahí estarán todos los elementos característicos de la novela homónima de 1877, pero las escenas se llevarán a cabo en una extraña mezcla entre realidad y ficción teatral, y el resultado será fascinante.

La historia es la de Anna, la esposa del oficial de alto rango, Alexander Karenin (Jude Law); ahí está su vida de placeres; una vida de ocio y excesos, pero sin amor. Será entonces que por su camino se cruce el hijo de la Condesa Vronsky (Olivia Williams), el oficial de caballería Alexander Vronsky (Aaron Taylor-Johnson). Con la primera mirada nacerá el amor, después la pasión y con ellos la desgracia.

Visualmente la Karenina de Wright es espectacular, y la extraordinaria actuación de Knightley y la química que genera con Aaron Taylor-Johnson dejarán huella en los anales del cine.

Para continuar con los hechos históricos, un ser puntilloso, distraído, flemático y sumamente inteligente renace en la pantalla con la representación que Daniel Day-Lewis hace de uno de los personajes de más relevancia histórica para la nación de las barras y las estrellas: Abraham Lincoln, la cinta dirigida por Steven Spielberg lleva por título simplemente, Lincoln.

En ella se narran las aventuras de un poderoso ser humano que ha llegado a la cumbre del mundo político en una nación dividida, el congreso está por votar la ley para abolir la esclavitud y en secreto se negocia un acuerdo de paz entre los unionistas y divisionistas, la visión de Spielberg es desgarradora, detallada y tremendamente realista.

Lincoln no es una película de guerra, es un film de debates emotivos y lágrimas de frustración; la obsesión por el detalle de Spielberg, acompañada de excelentes actuaciones con un Daniel Day-Lewis impecable, una poderosa Sally Field como la Sra. Lincoln y actores de la talla de Tommy Lee Jones completan el hechizo y así una vez más el mago de la pantalla platinada lanza una suerte de extraño sortilegio cinematográfico para hacer creer a su auditorio que después de dos horas y media de lección histórica, realmente estuvieron ante un ser humano de nombre Abraham Lincoln.

Ben Affleck dirige, protagoniza y coproduce Argo, cinta que relata otro hecho real, con el papel que la CIA jugó en el rescate de seis norteamericanos durante la llamada “crisis de los rehenes en Irán”, la cual inició con la toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979. Y por árido que parezca el tema, Affleck se lanza a la tarea de recrear una historia de espionaje con alto presupuesto y muchas pretensiones. Lo cierto es que la poderosa historia de la vida real, bien vale la pena.