¿A qué nos suena el nombre de un instrumento? Algunos son nombres muy habladores: lo dicen todo. Son los casos de ‘clarín’ y de su derivado ‘clarinete’: instrumentos que suenan claramente (aunque no son los únicos, “claro” está). El sufijo -ete (= menor) deriva del francés -et. ‘Corneta’ proviene del latín cornu (cuerno).

Un hueso del oído se llama ‘tímpano’ pues parece un tambor, y ‘tambor’ equivale a tympanon (palabra griega). ‘Tímpano’ derivó en ‘timbre’ (aparato que suena como una campanilla). ‘Tambor’ proviene del persa tabir, palabra que se cruzó con la árabe tambur (cítara). El ‘taburete’ se llama así por su forma de tambor.

El término ‘guitarra’ se originó en Persia como sitar, y así pasó al idioma hindi (de la India); luego, al griego: kithára, de donde viene el término ‘cítara’. Los árabes convirtieron kithára en kitar, y esta palabra se extendió en España como ‘guitarra’. ‘Piano’ es la abreviación del italiano pianoforte (suave y fuerte) pues los pedales permiten aumentar o reducir el volumen. ‘Piano’ deriva del latín planus (plano, llano).

‘Trompa’ nos llegó del antiguo alemán trumba. Derivados modernos: ‘trompeta’ y ‘trombón’. En griego, órganon era cualquier instrumento empleado en una labor. Más tarde pasó a significar también los brazos y las piernas, y después cualquier instrumento musical; por último, el órgano de teclas.

‘Tecla’ se formó así: théke (‘caja’ en griego); después, thecula (‘cajita’ en latín), y ‘tecla’ en castellano. Théke dio origen a ‘biblioteca’ (caja de libros). Las palabra fonós es ‘sonido’ en griego. Así resulta que cada instrumento es una sorpresa...