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Mucho más que un destilado para mezclar o tomar solo como un buen coñac, si es añejo de alta calidad, el ron es ante todo quintaesencia y síntesis de una tradición latina y caribeña, pura alquimia en manos de los maestros roneros que cuidan esta herencia cultural.


La ruta perfecta para descubrir la historia de este aguardiente de tintes legendarios que se obtiene a partir de la caña de azúcar transita principalmente por las islas del Caribe y se interna en tierras americanas.

Si bien fueron los españoles a finales del siglo XV, en los primeros años de la colonización del Nuevo Mundo, quienes llevaron la caña de azúcar, es en las Antillas donde el ron adquirió carta de ciudadanía, con países productores tan señeros como Cuba, Jamaica, Puerto Rico, República Dominicana, Martinica o Guyana.

El éxito de las plantaciones en el siglo XVI dio inicio a un proceso de industrialización que conllevó, desgraciadamente, el uso de mano africana esclava.
Fueron los trabajadores de los ingenios azucareros quienes pronto descubrieron que los residuos de la extracción del azúcar (melazas) fermentaban con facilidad y, tras una simple destilación, originaban un potente aguardiente capaz de hacerles olvidar por un momento sus miserias.

Pronto se empezó a utilizar no solo los residuos de la caña, sino también el jugo recién exprimido y pasado por barricas de roble para criar un tipo de brandy excelente.

Así, se convirtió en la bebida por antonomasia de los marinos de aquella época, que encontraban al otro lado del Atlántico una bebida alcohólica de alta graduación, personalidad y calidad, más refinada cuando era ron viejo, que guardaban con celo los señores, terratenientes y hacendados en sus bodegas.

Pero no le van a la zaga a los rones caribeños en estilo y personalidad propia los que se elaboran en otras zonas productoras ubicadas en Venezuela, Nicaragua, Guatemala o Colombia, los mejores de ellos con cuerpo y un cuidado añejamiento en barricas de roble.

En refrescantes cócteles o añejados de fino sabor, equiparable si es “de etiqueta” por su potencia aromática al mejor calvados, tequila o vodka, el ron está imponiendo nuevas tendencias en el mercado y convirtiéndose en la bebida de moda, especialmente los exclusivos añejos.

Es de obligada mención la marca de ron más famosa y de mayor venta del mundo, Bacardí®, que celebra ahora 150 años de historia.

El emblema del murciélago del ron Bacardí® es hoy mucho más que el distintivo de una etiqueta de carácter universal. Este logotipo sintetiza el legado de una familia que continúa pilotando, tras ocho generaciones, la marcha de la empresa privada de bebidas alcohólicas más grande del mundo.

Este destilado, cuya existencia fue por primera vez mencionada en 1650, puede convertirse en un néctar cuando degustamos el guatemalteco Zacapa 23, uno de los mejores rones del mundo, que envejece y madura a 2.300 metros de altitud en barricas de tres tipos: roble blanco americano que ha contenido whisky bourbon, vino de Jerez y Pedro Ximénez, un vino dulce de uva homónima.