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Si bien la Isla Ellis fue el primer punto de entrada en Estados Unidos de millones de imigrantes llenos de sueños, Los Ángeles ha sido el foco para la migración interna. A través de bosques, praderas y montañas, a pie, a caballo o en carreta y más recientemente en tren, avión o carretera, esta ciudad se ha transformado en la meta de muchos hombres y mujeres valientes en busca de una vida mejor.

Los Ángeles es una ciudad sorprendente, enmarcada por montañas en medio de una seductora planicie costera, rodeada por el desierto y bordeada por un océano azul. Es, al mismo tiempo, el comienzo y el final de una nueva etapa dentro del sueño norteamericano. Lugar de tradiciones y leyendas, posee también ese poder magnético e intoxicante de “la última frontera” donde el que llega deja su pasado atrás y puede reinventarse a sí mismo.

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Con frecuencia Los Ángeles marca la pauta al resto del país y en muchos casos, al mundo. Para entenderla, su recorrido debe empezar en The Watts Towers. Una colección de 17 estructuras interconectadas que emanan una energía especial, como si fuese el alma de la ciudad. Una obra de arte gigantesca creada por Sabato Rodia, un inmigrante italiano, que representa con sus torres piramidales —dos de ellas de 30 metros de altura—, los sueños y esperanzas de cualquier generación pionera.

Sabato ‘Simón’ Rodia, instalador de azulejos de cerámica, reparador de teléfonos y artista, poseía un innegable entendimiento del sentir norteamericano. Analfabeto, tanto en italiano como en inglés, aprendió a leer por sí mismo estudiando la Enciclopedia Británica, alimentando así su deseo de superación.

Trabajando solo, durante 33 años, de noche, fines de semanas y durante vacaciones, Rodia levantó las torres. Fue un maestro artesano con un profundo sentido de la observación. Tomó el fondo de las botellas de soda Seven-Up, botellas azules de leche de magnesia, conchas marinas, vasijas de cerámica rotas, trozos de vías de tren y otros desechos de una sociedad industrial - chatarra si así prefiere llamarlo - y le dio una forma representativa de las experiencias de todos quienes emigraron a tierras extranjeras.

Es importante ver Los Ángeles a través del corazón y las manos de Simón Rodia. No sé en qué momento Simón Rodia empezó a anhelar su tierra natal. Quizás cuando el barco salía del puerto en su nativa Italia o cuando su hermano murió en un trágico accidente en una mina de carbón en Pensilvania. Lo que sí sé es que un ferviente deseo le quemaba por dentro, que le transformaron a él y su entorno en un monumento que es el más grande y la pieza de arte más impresionante jamás hecha por una sola persona. Pero, ¿qué motivó a Simón? ¿Qué le hizo gastar 33 años de su vida en completar el proyecto?

Los Ángeles es una ciudad cuya historia fue escrita por creadores de mitos y el mito de Simón Rodia es uno de los más grandes. Sus torres, vistas desde arriba, representan un barco apuntando al este. Parece ser que los humanos siempre vamos hacia el oeste y norte buscando nuestros sueños, pero una vez que hemos llegado, miramos hacia el este y el sur anhelando nuestra casa.