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¿Cuál es el origen del refrán “El hombre propone, pero Dios dispone”? Así como lo conocemos, proviene de una sentencia escrita por un monje agustino, el místico alemán Tomás de Kempis (1380-1471), en su libro Imitación de Cristo (cap. XIX).

Kempis enseña que, en los planes humanos, la última palabra la tiene Dios. Para el pensamiento religioso, tal sentencia induce a la modestia y a la resignación. Si nuestros planes resultan adversos, debemos suponer que Dios ha tenido alguna razón para frustrarlos.

Aquella idea no es original pues tiene antecedentes, también religiosos. En el libro de los Proverbios se lee: “El corazón del hombre medita su camino, pero Yavé asegura sus pasos” (XVI, 9; XX, 24). Idea similar figura en los Salmos (XXXVII, 23) y en Jeremías (X, 23).

En tono de broma, a veces se oye “El hombre propone, pero la mujer dispone”, lo que puede ser una idea machista, o el reconocimiento de que la mujer ha adquirido derechos de opinión y de decisión.