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El otro día pensando en las palabras del inmortal Facundo Cabral que dicen, “No estás deprimido. Estás distraído”, me pregunté a mí misma si estaría yo distraída.

El magistral monólogo de Cabral trata sobre el enfoque que puede tener un persona en un dado momento. Yo no me hice la pregunta porque me sentía deprimida sino porque últimamente he andado tan ocupada. Al fin de cuentas, tantos deberes, compromisos, y tareas se convierten en una serie de distracciones que nos pueden llevar a perder la noción de lo que más vale en esta vida.

Las palabras continúan: “Distraído de la vida que te puebla. Distraído de la vida que te rodea…” Es verdad que la depresión, la falta de esperanza, y el cansancio moral nos distraen. Pero también el sinfín de cosas que lleva uno en la lista de cada día. Esa terrible e interminable lista en la cual siempre queda una u otra cosa que no se terminó y se pasa para el día siguiente.

Esa insidiosa lista que es a la vez tan cotidiana como el pan de cada día puede convertirse en un capataz. Pues es muy fácil confundir lo urgente con lo importante. No todo lo que se presenta con urgencia es en realidad importante. Por ejemplo, ese posting de Facebook, ese texto que llega y en realidad no tiene relevancia. Sin embargo el impulso de contestarlo es tan grande como cuando alguien llega a tocar la puerta de tu casa sin previo aviso. Todo se interrumpe para contestar. Si sucede de vez en cuando puede ser muy grato. Pero si se convierte en una terrible costumbre, la vida se nos va en una serie de cosas inconsecuentes. Y acabamos distraídos y deprimidos.

Gracias por acompañarnos. ¡Hasta la próxima! 

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Ana Cristina Reymundo
Directora de Redacción de Nexos