• Image about De la Harmonica a la Salsa
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Todo comenzó un Día de Reyes, en el año 1941, cuando su padre, el conocido clarinetista dominicano, Rafael Azarías Pacheco, le regaló una harmónica. Tremenda fue la sorpresa del gran músico al escuchar, cuatro días después, a su hijo menor, Juan Pablo, interpretando Compadre Pedro Juan.

En aquél momento comenzó el amor por la música en el niño, que hoy todos conocen como Johnny Pacheco. Un hombre que, con el paso de los años, ha participado activamente durante ocho décadas dentro del mundo musical afro antillano, una hazaña única en su clase, que difícilmente será igualada.

“Aquella harmónica fue mi inicio”, nos comentó el músico al compartir la historia de su vida. “Mi padre nos observaba buscando quién compartía su vena musical, y a partir de aquél momento se concentró en mí. Me encantaba verle en sus presentaciones musicales y me esmeré; aprendí muchísimo de él”.

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A los once años de edad, Pacheco y su familia residían en la ciudad de los rascacielos y el niño, al registrarse en la escuela, de inmediato tomó clases de música. “En la escuela había un violín que no estaba en buen estado y lo tomé como instrumento. Mi padre lo arregló y aprendí a tocar, convirtiéndome en el primer violinista de la banda escolar, y de paso también aprendí el clarinete”, afirma pleno de recuerdos.

Su interés musical le llevó a dominar los instrumentos de viento, aprendiendo a tocar acordeón, saxofón y flauta, y, gracias al entrenamiento que le proporcionara su padre, aprendió a leer música, convirtiéndose en un músico completo. Para ultimar sus estudios, el joven Pacheco cursó en la famosa Escuela Julliard, donde se graduó como percusionista.

Después de enriquecedoras experiencias junto a músicos de la talla de Dioris Valladares, Pérez Prado, Xavier Cugat y también la Orquesta de Tito Puente, donde cabe mencionar que la flauta de Pacheco se escucha en la grabación original del clásico tema Oye cómo va, el Maestro estaba listo para explorar las oportunidades que le ofrecía el mercado musical, y el momento no se hizo esperar.