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El prestidigitador más famoso del mundo nos abre las puertas de su Museo de las Artes Mágicas en Las Vegas, además de comentarnos sobre Musha Cay, once islas paradisíacas que adquirió recientemente en Las Bahamas y donde la ilusión forma parte de la realidad.

Magia, proveniente del griego magos, que significa “ser capaz” o “tener poder”. ¿Por qué nos resulta tan fascinante ver un espectáculo de magia en el que aparentemente se invierten las leyes de la naturaleza? Porque mientras la mente se pregunta cómo lo hizo, las emociones se desbordan. Podemos llegar a creer que hay algo más allá de lo que visualizamos, que existen poderes sobrenaturales, que trascendemos a la pura naturaleza diaria. Estas experiencias son las que recordaremos para siempre.

Quién mejor que David Copperfield para hablarnos sobre estos temas; un ilusionista que ha superado todos los récords Guinness de audiencia en la historia de la magia. Mundialmente famoso, en gran parte gracias a sus programas de televisión, el ilusionista reside en Las Vegas aunque realiza más de 500 shows al año en los cinco continentes.

Entre muchas de las características de sus espectáculos se encuentran las inconfundibles historias que se relatan con efectos ópticos sorprendentes. Y el espectáculo es su pasión, calculada al mínimo detalle. El museo, con más de 80.000 objetos relacionados con la magia, semeja el aparador de la tienda de ropa que poseyera el padre de David en Nueva Jersey.
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Fundado en 1991, entre los objetos más interesantes de la colección están los candados y esposas originales utilizados por Harry Houdini, los cubiletes y bolas del Profesor Hoffmann, el turbante del mago Alexander con el que lograba “saber” absolutamente todo, el rifle que acabara trágicamente con la vida de Chung Ling Soo, y la sierra con la que Orson Wells intentara partir en dos a la actriz Marlene Dietrich.

También se han catalogado cuidadosamente más de 15.000 libros, incluyendo la primera edición de El Descubrimiento de la Brujería de Reginald Scott. Este documento del siglo XVI revela muchos de los trucos utilizados por los magos de entonces, y gracias a él, se evitó que fueran sentenciados a la hoguera muchos de ellos, por pensarse que eran hechiceros de verdad.

Autómatas, muñecos de ventriloquia, obras de arte, fotografías, programas de mano, carteles históricos y cajas de magia para niños del siglo XIX complementan el acervo del museo.