Gentío debajo del famoso balcón de Romeo y Julieta
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Popocatepetl partió a cumplir su destino y varios meses pasaron sin saber de él. Pero un día le dieron a la princesa la falsa noticia de su muerte en batalla, lo que la sumió en una terrible tristeza, que la condujo a la muerte. Justo cuando acababa de morir, su prometido regresó triunfante, pero al conocer la infausta nueva, tomó en brazos a su amada y subió con ella a la cima de la montaña. Allí, inconsolable, la colocó en el suelo y se clavó una daga en su corazón. Entonces los dioses los convirtieron en dos picos nevados, a ella en la montaña “La mujer dormida”, y a él en el volcán que lleva su nombre.

Entre los mayas existe otra historia de amor, con un final menos trágico, ocurrida entre la princesa Sac-Nicte (“Blanca Flor”), de la ciudad de Mayapan, y el príncipe Canek (cuyo nombre significa “Serpiente negra”). Cuando éste cumplió veintiún años, fue nombrado rey de Chichen Itza y ese mismo día vio por primera vez a Sac-Nicte, que tenía quince años, y ambos se enamoraron de inmediato.

Pero ella estaba ya prometida a Ulil, príncipe heredero de Uxmal. Al recibir la invitación al matrimonio de la mujer que amaba, Canek fue aconsejado para que luchara por ella y cambiara el curso de los acontecimientos. Así fue como el día de la boda, en pleno baile, se presentó allí con sesenta guerreros. Subió al altar en donde se celebraba el ritual de casamiento y arrebató a la princesa a los sacerdotes, en nombre de su ciudad, Itza. Ulil, indignado, se alzó en armas y comenzó la guerra entre Mayapan y Uxmal contra el Chichen Itzá, aunque hasta entonces habían vivido en paz.

Para salvar la ciudad, el rey Canek y su amada salieron con su pueblo, caminando, hasta encontrar otro lugar lejano en el que se aposentaron junto a una laguna. Cuando Ulil llegó a Chichen Itza, la encontró desierta y no pudo desatar su furia contra sus pobladores, que habían seguido a Canek y a Sac-Nicte a un nuevo entorno de paz, a salvo de sus enemigos.