Pintura de Píramo y Tisbe titulada No me preguntes más
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Su origen se remonta a las épocas más antiguas, posiblemente anteriores al descubrimiento del fuego, en los albores mismos de la especie humana. Un sentimiento que mueve montañas, derrumba imperios, cambia el curso de la historia y es difícil de definir en pocas palabras.


Aunque se compone apenas de cuatro letras, amor es un vocablo que engloba un arcoíris de matices que lo convierte en un poderoso cóctel, capaz de provocar los mayores sacrificios. También podemos verlo como una película, con escenografía y vestuario siempre cambiantes, de acuerdo a las costumbres y geografía de los distintos lugares, pero cuyo argumento es la variación de un mismo tema, con ribetes de fascinación, de abnegación, de entrega y de renuncia.

HISTORIAS RECURRENTES
La historia está llena de narraciones legendarias de amores dramáticos que aparecen en culturas diversas, pero que tienen siempre el componente de esa emoción indescriptible. Curiosamente, a menudo todo empieza de manera súbita en todas ellas: un amor a primera vista.

En la antigüedad griega surge la historia de una pareja, Píramo y Tisbe, que se aman desde el primer momento, a pesar de la oposición de sus padres. Cuando deciden huir juntos, hay una confusión y él cree que a ella la ha matado una leona, por lo que decide suicidarse clavándose un puñal. Cuando Tisbe se da cuenta de su muerte, se mata también. Entonces ambos se metamorfosean: él en río, ella en fuente. Hay múltiples versiones inspiradas en este trágico amor, entre ellas Romeo y Julieta, de William Shakespeare y los musicales West Side Story y The Fantasticks.

El esquema se repite en muchos otros países. Hay una leyenda azteca que se remonta a años antes de la llegada de los españoles que tiene similitudes. Cuentan que uno de los gobernantes aztecas tenía una bella hija llamada Ixtaccihuatl, a quien preparaba para ser algún día la emperadora. Cuando creció, la muchacha se enamoró de un joven de nombre Popocatepetl, quien pidió su mano al emperador. Este accedió, pero impuso una condición: que el muchacho fuera a Oaxaca y trajera como trofeo de guerra la cabeza de un cacique enemigo.