El culto a la cerveza se instala en América Latina. La costumbre de tomarse una cerveza bien fría con los amigos es un placer al que ningún latinoamericano está dispuesto a renunciar y, si se les pregunta, cada uno dirá que es en su país donde se elabora la mejor del mundo, la de más sabor y calidad.

En cualquier caso, se lleven o no la corona, las diferentes marcas latinoamericanas de esta bebida alcohólica son motivo de orgullo para sus consumidores.  Se trata, sin duda, de la bebida favorita en la región. Nadie quiere abandonar este hábito saludable, cuando se consume con moderación, que además puede ser el acompañante ideal de muchos platos.

El culto a la cerveza se ha instalado en América Latina. La prueba del fuerte arraigo de la cultura cervecera en la región es la variedad de marcas y sabores, rubias u oscuras, ligeras tipo pilsen (o pilsener) o con algo más de ataque en el caso de las lager. Muchas marcas tan populares como las mexicanas Corona, Bohemia o Indio, la brasileña Brahma Chopp, la dominicana Presidente, la argentina Quilmes o la peruana Cusqueña, galardonada esta última en numerosas competiciones en Europa, han invadido poco a poco el mercado estadounidense.

Un país de referencia en la cultura cervecera es México, tanto en la producción como en el consumo. Es el primer exporta dor mundial de esta bebida y destaca con marcas como Corona (que se exporta a 180 países), tipo pilsener, o las marcas Indio (ha modernizado su etiqueta) y Bohemia. Estas dos últimas elaboradas por la gran fábrica cervecera Cuauhtémoc Moctezuma, fundada en 1890, un gigante que cuenta hoy con marcas tan conocidas como Tecate, Dos Equis o Sol, entre otras.

Hablar de la cerveza peruana Cusqueña es quizá capítulo aparte. Es sin duda una de las mejores del mundo. Presume con razón de ser una de las “rubias” latinas más reconocidas y premiadas. 

La clave de su éxito radica en la combinación del sabor suave y fresco de una cerveza latina con la textura de las pilsener europeas. Otro factor determinante es la pureza del agua utilizada para su elaboración, proveniente de un glacial situado en las montañas de Los Andes. El resultado final es una cerveza de un brillante color dorado, de una sutil complejidad y fino sabor a cebada malteada.