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En una reciente conversación con un buen amigo surgió la frase, “la paja que le rompió la espalda al camello”.

Claro está que hablábamos de ese sentimiento de agobiamiento que puede llegar a sentir una persona cuando a llegado a los límites de su resistencia ya sea física, emocional o psicológica.

Me quedé pensando sobre el significado de la frase y la imagen mental que evoca. Como toda escritora y amante de cuentos, mi imaginación voló. Veía una escena que se plasmaba como si fuera una película. Estaba un buen hombre y su camello. En su afán de llevar todo a mercado, el hombre cargó al pobre camello hasta que el pobre animal no pudo más y se desplomó.

El pobre camello sufría pero también el cargador. Ya no sabía qué hacer con el pobre animal, con su carga y con el sentimiento de desesperación que le azotaba de no poder llevar sus mercancías al mercado y así perder toda su inversión. Se sentó a llorar.

Me sorprendí de lo lejos y velozmente que mi imaginación dio vuelo pero la escena me inquietó. Caí en cuenta de que el hombre le tenía mucho cariño a su camello y el camello le tenía mucha confianza al hombre. Entonces, ¿cómo fue a pasar que se hayan hecho tanto daño? El hombre lo cargó de más y el camello no lo aguantó y los dos salieron perdiendo.

Obvio que la prevención está en los segundos que proceden la tragedia. Sin embargo, ¿cómo podemos saber que estamos presenciando esos momentos procedentes al momento del derrumbo?

Esas cosas suceden a cada rato y en todos lados. Pues de ahí salieron esos dichos como: “La gota que derramó el vaso”; “Ya me colmó el plato”; y la que acabamos de analizar.

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¡Hasta la próxima!

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Ana Cristina Reymundo
Directora de Redacción de Nexos