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Colgada en lo alto de Los Andes está La Paz, capital de Bolivia, con su Mercado de Brujas. Un enjambre de calles en pleno casco antiguo que rodea la muy histórica iglesia de San Francisco, donde una legión de autoproclamadas hechiceras evoca las viejas enseñanzas de los incas.

Adivinadores, curanderos y vendedores se agolpan en las aceras para ofrecer desde amuletos y plantas medicinales hasta brebajes mezclados con plantas o cabezas de serpientes. Mezclas sagradas que afirman servir para curar cientos de males, pero también despiertan la curiosidad de los muchos que transitamos por allí.
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© angel herrero de frutos/getty images

La respuesta es clara. Adivinar, o al menos tratar de curar, produce buenos dividendos. “No va mal”, comentaba Lucrecia mientras atendía al público que rodeaba una mesa repleta de plumas de lechuza, piedras y jabones fortificados con hierbas del buen poder. Sea falta de salud, amor o dinero, todo parece tener solución.

Al otro lado de la calle, una tenue columna de humo se elevaba, mientras se escuchaba el sonido rítmico de unos tambores. Bartolina, una auténtica bruja, de apenas 25 años, sujetaba el feto de una llama sobre una pequeña hoguera. Le pedía a Pachamama, la diosa de la Madre Tierra, que el cuerpo inerte de lo que hubiese sido un esbelto mamífero, le trajera mejor suerte.

Unos minutos después, la joven terminaba el ritual y “leía” el porvenir de un cliente en unas hojas de coco. Miraba fijamente el color verde de la fruta y le decía, sin rodeo alguno, que tenía una enfermedad que ella no puede curar para luego cobrarle 10 dólares por la consulta. Un buen negocio, que la abuela comenzó hace 40 años y los nietos continúan hoy.

No obstante, la ganancia mejor la tienen las vendedoras de cajitas con hierbas que aseguran curar heridas, pulmones y hasta el corazón. Incluso el cáncer y otros tumores encuentran aquí su supuesto remedio. La hierba más popular es la que estimula el buen funcionamiento sexual, seguida por la hoja de coca, que se mastica o hierve como infusión para mitigar la fatiga o el fuerte dolor de cabeza que produce la altura.

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