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Descubrir Bolivia puede convertirse en la tarea de una vida entera. Adentrarse en el sorprendente mundo de este país virgen se convierte casi en un viaje intergaláctico con paisajes que nos transportan a otros planetas.

Llegando a La Paz (Bolivia) resulta esencial comenzar la cura de tranquilidad y desaceleración, tanto por los efectos de la altura como para ir preparándonos a descubrir un nuevo mundo al que deberemos acariciar lento y suave, como a un amante cuya piel nos revela una sorpresa en cada roce.

“Tiwanaku, ¿ruinas de una milenaria civilización extraterrestre?”

La ciudad más alta del mundo, “la que toca el cielo” a casi 4.000 metros de altura nos obliga a detener el tiempo, al menos el primer día para no ser víctimas del “soroche” o mal de la altura. Descanso, líquidos en abundancia, mate de coca, escasa comida, ni gota de alcohol al menos en las primeras 24 horas y Nuestra Señora de la Paz nos recibirá con los brazos abiertos. Como afirma la sabiduría popular boliviana: “Caminar despacio, comer poquito y dormir solita” son las reglas en este proceso de aclimatación.

Ubicada en una “olla”, rodeada de las montañas del altiplano, la ciudad se ha derramado hacia arriba, escalando las laderas creando coloridos barrios como El Alto que superan los 4.000 metros de altura y que, dado su gran aumento de población debido a la emigración del medio rural, ya se ha convertido en ciudad independiente.

La Paz, montaña Illimani en el fondo
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Diversos templos riegan los alrededores de la Plaza Murillo, en honor al primer cabecilla de la revolución del 16 de julio de 1809 a favor de la independencia de la región. La iglesia y el convento de San Francisco (siglos XVI y XVII) son el más claro ejemplo del estilo llamado barroco mestizo.

Y en pleno centro de la ciudad nos topamos con el Mercado de las Brujas, un centro extendido en tres arterias con escaparates a pie de calle donde se mezclan todo tipo de artesanías con telas trabajadas a mano, tallas de maderas exóticas y todas las cremas, pócimas, líquidos, brebajes, amuletos y artilugios que se puedan imaginar para cambiar nuestro destino, alejar los malos espíritus, congraciarse con los bienhechores y conseguir fortuna, salud y amor.

Con una población que sobrepasa el millón de habitantes, más de la mitad de extracción quechua y aymara, La Paz resuena en varios idiomas y vive en una constante mezcla de sorprendentes tradiciones, danzas, música y creencias religiosas que interactúan para crear un mundo totalmente nuevo a descubrir.

El Valle de la Luna, en la zona sur, a escasos minutos del centro sorprende con formaciones naturales extraordinarias, cráteres creados por la erosión natural que, verdaderamente nos transportan a lo que imaginamos debe ser la Luna.

Tras una parada en el mirador Killi Killi, desde el que se disfruta la mejor panorámica de la ciudad, nada más típico que reponer fuerzas en uno de los lugares más llenos de historia y de tradición de La Paz, la Peña Huari, donde disfrutaremos de una cena típica con lo mejor de la danza y folclore que el país tiene que ofrecer. Diablada, morenada, caporales y saya son las principales expresiones artísticas nacionales que se pueden disfrutar en la peña, mientras se degusta un bistec de llama asada y cualquier deliciosa preparación a base de quinoa, el súper cereal base de la alimentación del altiplano.

Retirada temprana al céntrico Ritz Apart Hotel para descansar y madrugar porque mañana nos espera el Gran Salar de Uyuni, al que llegaremos de la mano de la compañía Tourmakers Bolivia. Obligatorio contar con una compañía local para realizar este viaje que nos proveerá de un vehículo todo terreno equipado para cualquier contingencia y expertos guías y conductores avezados en resolver todo tipo de eventualidades. El país es seguro y bello, con esa perfección virgen inigualable y poco frecuente de encontrar hoy en día. A cambio la accesibilidad a ciertas joyas turísticas es enredada por la ausencia de carreteras pavimentadas y señalización.

Laguna Colorada, casa de los "flamencos de James"
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El gran salar de Uyuni
Si el Valle de la Luna nos transportó al astro así bautizado, el Salar nos traslada al paraíso. Tras las lluvias pasadas, el Salar, un desierto de sal blanco nuclear, queda cubierto de una fina capa de agua. El firmamento y las nubes reflejadas en este espejo húmedo, componen un paisaje en el que el cielo y la tierra son indistinguibles. Un todo falto de horizonte,  sin arriba o abajo que envuelve hasta el infinito. Colchani, el pueblo que vive de la sal nos mostrará su fábrica de procesamiento de sal artesanal, además de observar la forma de extracción de la sal.

El Cementerio de Trenes se convierte en otra parada obligada. Viejas máquinas duermen el sueño de los justos en mitad del altiplano tras años de trabajar duramente en el transporte de la sal y minerales de la zona. Sobre sus cuerpos oxidados, grafiti acumulado que dan al cementerio la apariencia de un escenario futurista decadente, resultado de un mundo destruido tras una guerra global.

La noche en el Hotel Palacio de Sal donde todo está construido con sal; las paredes, el suelo, las escaleras, los sofás, las camas, las mesas y los techos. Los de las habitaciones, bloques de sal colocados en forma de cúpula para cerrar los ojos en medio de esta cápsula y soñar con el desierto blanco.

Iglesia de San Francisco
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Las formaciones rocosas y los cuerpos de agua constituyen parte integral del paisaje del altiplano boliviano. El Valle de las Rocas, contemplado desde lejos pareciese un Manhattan en ruinas. De cerca, imponentes moles esculpidas por las duras condiciones climáticas del lugar muestran el poder de la naturaleza en todo su esplendor.

Los lagos también son de ensueño; la Laguna Colorada de rojizas aguas alimenta a los famosos “flamencos de James” únicos en su especie en el mundo y la Laguna Verde de aguas color esmeralda con un telón de fondo inconmensurable: el volcán Llicancahur, “la montaña del pueblo”, el padre de todos los volcanes, el vigilante y protector, el renovador.

Otros enormes peñascos cercanos al pueblo de Villa Mar esconden el alojamiento de esta noche, el Hotel Mallku Cueva, enclavado en una roca de la cual surge el hotel, inspirado en la arquitectura rústica y regional andina. Hoy soñaremos con peñones envueltos de sal.

El lago sagrado
Supersticiones, tradiciones espiritistas y religión católica conviven sin problemas en una amalgama colorista. En enero se celebra la Feria de las Alasitas, congregación artesanal en la ciudad de La Paz, Bolivia, dedicada a la venta de miniaturas (alasitas) con la finalidad ritual de que las mismas se conviertan en realidad. La deidad aymara Ekeko (dios de la abundancia) preside esta celebración. Las alasitas, representación de lo que se desea en miniatura, un vehículo, una casa, un novio, se queman tras su consabido ritual. Lo curioso del caso es que si el deseo se convierte en realidad a lo largo del año, los afortunados acuden a vírgenes como la de Copacabana a demostrar su agradecimiento y realizar ofrendas. La hoja de coca forma parte de cualquier ritual, se quema, se masca, se ofrece en bodas, bautizos y funerales a los invitados. La vida en el altiplano boliviano no puede desarrollarse  sin ella.

Tras realizar el ritual en el Santuario de la Virgen de Copacabana, nos adentramos en la otra cara de la espiritualidad boliviana: el lago Titicaca para alcanzar en lancha la sagrada Isla del Sol. En la época inca era un santuario con un templo de vírgenes dedicadas al dios Sol o Inti. En la actualidad está poblada por quechuas y aymaras, dedicados a la agricultura, el turismo, artesanía y el pastoreo.

Las escaleras llevan hasta la Fuente del Inca, donde un chorro de fresquísima y pura agua recibe al visitante para ofrecerle el don de la eterna juventud desde su caño. El pueblo de Yumani, regado en lo alto de la isla ofrece la mejor vista posible del lago y de la Cordillera Real de los Andes.

Rito aymara para recibir al nuevo año
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Más atrás en el tiempo: Tiwanaku
Hoy retrocedemos al año 1580 A.C. visitando los restos de Tiwanaku (Tiahuanaco), el principal centro ceremonial y cuna de la cultura andina donde persisten las leyendas de seres venidos de otros planetas basadas en diseños de los llamados “hombres pájaro”, tallados en sus muros. No se sabe mucho de esta antigua cultura pero su misticismo y espiritualidad y la búsqueda del equilibrio y la armonía descubierto en las excavaciones la aleja de la idea de una cultura guerrera. Hay que destacar que dado el desconocimiento sobre esta civilización algunos la datan de hasta 10.000 A.C. y la consideran de origen extraterrestre.

El símbolo de la Cruz Andina (Chakana), prevalente en muchos de los muros, indica un gran conocimiento astronómico. El símbolo es una referencia al Sol y la  constelación de la Cruz del Sur, aunque su forma, similar a una pirámide escalonada, poseía también otras lecturas como la ascensión, una escalera hacia lo más elevado. La Puerta del Sol, ahonda en estos sorprendentes conocimientos ya que cuando llega el equinoccio austral de primavera, cada 21 de septiembre, los primeros rayos de sol penetran, hacia las cinco de la mañana, directamente atravesando la puerta.

La importancia ritual de la zona es tan sumamente relevante que el presidente Evo Morales tomó aquí el mando el 21 de enero del 2006 para recibir la energía de sus ancestros y fue coronado Apu Mallku o “líder supremo” por varios pueblos indígenas de Los Andes.

El  vicepresidente  Álvaro García Linera se casó con la presentadora de televisión Claudia Fernández en una ceremonia tradicional en Tiwanaku frente a la pirámide de Akapana y la Puerta del Sol. Lo más curioso de la ceremonia consistió en la ofrenda para la fertilidad y la cosecha: el novio ofreció alcohol a la madre tierra (pachamama) y la desposada vino, mientras un feto de llama también era parte de la ofrenda. Estos fetos de llama disecados se encuentran colgados profusamente para su venta en el Mercado de las Brujas y son ofrenda normal ya que atraen la fertilidad y hacen que no falte jamás la buena cosecha.

Las ruinas arqueológicas siguen explorándose y cada día aportan sorprendentes hallazgos, siendo uno de los más impresionante  el Templo semi subterráneo, a más de 2 metros  por debajo del resto de las construcciones. La parte interior de los muros conforma lo que ahora parece una plaza. Estas paredes están adornadas por 175 cabezas, distintas entre sí, mostrando los rasgos de distintas etnias bien claramente. Algunas de ellas parecen mirarnos desde el espacio sideral con sus grandes ojos sin párpados ni pestañas, otra de las razones por la que se habla de que Tiwanaku fue construida por una civilización de origen extraterrestre.

Y desde las alturas del cosmos y el altiplano boliviano con sus noches de cielos estrellados como ninguno, hay que regresar a la tierra aunque esta vez retornemos con el alma enriquecida y los ojos mirando con mucha más frecuencia hacia el cielo.  

Información útil
Ritz Apart Hotel All Suites en La Paz

Hotel Jardines de Mallku Cueva en Villa Mar

Hotel Palacio de Sal en Uyuni

Tourmakers Bolivia

Restaurante y show en Peña Huari
Calle Sagárnaga N 339. La Paz.
Tel.  (591)  2  316-225 y  (591) 2 318-037

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