Contra Honduras durante las eliminatorias para el Mundial de Brasil 2014 en San Pedro Sula (Honduras)
Orlando Sierra/AFP/Getty Images

Su padre quería verlo pegándole a la pelota con un bate pero a Blas Pérez le dio por recorrer el mundo pateando un balón. Un trotamundos de oficio, a sus 31 años de vida, este habilidoso futbolista nacido en Panamá, ha vestido la camiseta de 15 diferentes clubes a través del continente americano y España. Aun así, considera que le falta mucho camino por recorrer y mantiene firme el sueño de participar con su selección en el Mundial Brasil 2014.


En su primera temporada con el FC Dallas, el carismático delantero se convirtió en uno de los favoritos entre los fanáticos que semana tras semana se desplazaban desde distantes puntos del área metropolitana de Dallas para ir a apoyarlos hasta Frisco, el extenso complejo deportivo que alberga el estadio del club, ubicado en el corazón de esta ciudad en constante desarrollo y que se distingue por sus majestuosos centros comerciales y restaurantes.

A pesar del buen recibimiento, el 2012, su primer año en la liga de la MLS, fue un tanto difícil. “En lo personal tuve una lesión muy larga, casi tres meses sin poder jugar, pero pude recuperarme. Salí adelante aunque creo que al final no logramos el objetivo de clasificarnos y pelear por el título”, recuerda Pérez.

El panameño se refiere a una lesión en el empeine derecho que sufrió durante un partido en el que representaba a Panamá contra Cuba, como parte de las eliminatorias para asistir al Mundial. Algunos doctores le sugerían que se sometiera a una cirugía, lo cual implicaba perderse más tiempo en las canchas y no participar en las eliminatorias mundialistas, pero “no era lo que quería y le doy gracias a Dios porque nada de eso sucedió”.

A mediados de agosto Pérez regresó a jugar con el FC Dallas, al principio, con un poco de temor pero con las ganas de terminar activo su primera aventura en la MLS. No obstante, al poco tiempo de volver recibió la noticia de que su padre estaba grave de salud y viajó a Panamá para reunirse con él y darle el doloroso adiós final porque no se pudo recuperar. Una vez más, el equipo lo respaldó y a su regreso, tanto sus compañeros en la cancha como los fanáticos, lo recibieron con una calidez que lo conmovió.

“No tengo palabras para agradecerle a toda la gente que me apoyó. Fue un año difícil que superé con mucha fortaleza”, admite. Y aunque le cuesta trabajo sonreír, su rostro se recompone un poco al evocar la memoria agridulce del siguiente juego con la selección de Panamá, ya sin su padre. Esta vez marcó un gol decisivo contra Canadá y tuvo la dicha de dedicárselo. El emotivo video, donde se ve a Blas rompiendo en llanto tras marcar el gol y señalando una foto de su progenitor, circuló ampliamente por la Internet y en su patria, electrificó a sus compatriotas.

Blas Pérez afirma que ahora una de sus prioridades en mantenerse en una forma física optima, por lo que cuida mucho su alimentación. Pérez y sus compañeros de equipo del FC Dallas disfrutan en Blue Goose, un restaurant que durante el otoño pasado donó $1 por cada quesadilla que vendió para la fundación del FC Dallas destinado a la construcción de un campo de fútbol en el oeste de Dallas.