© Cortesía de Victoria House
Regresamos a la lancha y nos dirigimos hacia el centro de la isla. Ya con hambre paramos en Lily’s Treasure Chest.Pedimos ceviche y una jarra de sangría. El ceviche estaba sabrosísimo y la porción muy generosa. Después de la comida era necesario caminar, así que pasamos la tarde entrando y saliendo de las tiendas y puestos, aprovechando la oportunidad para hacer las indispensables compras de recuerdos para los seres queridos que nos esperan en casa.

Era nuestra última noche y Christina sugiere ir a cenar juntos. Estaciona el carrito de golf y caminamos por la playa iluminada con luz de la luna hasta llegar al Blue Water Grill. Otra deliciosa velada de conversación. Pero la noche avanzaba y nuestra partida se aproximaba. Nos pesó mucho despedirnos de la encantadora Christina.

Mirando por la ventanilla de la avioneta que nos llevaba al aeropuerto internacional de la Ciudad de Belice, me despedí de la “Isla Bonita” y al mismo tiempo también decía adiós a muchas cosas que por falta de tiempo no pudimos ver en el país, como la Cockscomb Basin Wildlife Reserve, la única reserva de jaguares del mundo o el proyecto arqueológico de Caracol. Otra vez será.