Al día siguiente salimos del hotel hacia el aeropuerto municipal para tomar una avioneta que nos llevaría a San Pedro, “La isla bonita”, como la canción de Madonna.

> San Pedro en Cayo Ambergris
En San Pedro se respira otro aire. Apreciamos sus encantos isleños por todas partes: su mar, su playa y sus calles adoquinadas. Llegamos al lujoso Victoria House donde se vive en paz y tranquilidad al ritmo de las olas y el susurro de la brisa del mar. El hotel es un conjunto de bungalós y casitas que se extienden a lo largo de la playa. Sus verandas con sus hamacas y sus tumbonas me invitaban a dejar toda preocupación atrás. Para mí, últimamente el tiempo de ocio se ha convertido en el mayor y más preciado lujo.
Pasado el medio día conocimos a Christina Espejo de Discovery Expeditions. Nativa de San Pedro, Christina es pizpireta y posee un gran conocimiento del mundo de los viajes. Nos hizo sentir como si estuviéramos en familia.

Tomamos una lancha que nos llevó a la tienda de buceo para nuestra primera actividad: el snuba diving. A diferencia del scuba, el tanque de aire no lo carga el buzo en la espalda sino en los tanques quedan en una lancha de hule sobre la superficie del mar y el buzo puede bajar a una profundidad de entre seis y ocho metros. No hace falta certificación.

Fue mi primera experiencia buceando. Descendía lentamente rodeada de diversos peces que presentaban un verdadero arco iris de colores. Una persona de nuestro grupo nos indicó a todos de la presencia de una tortuga pequeña que nadaba por debajo de nosotros. Seguí descendiendo intentando acercarme a una estrella de mar que apenas se distinguía entre la arena cuando nuestro guía apuntó hacia una formación rocosa, donde una morena, una anguila de la familia de los murénidos, me espiaba suspicazmente desde una gruta.

Regresamos a la superficie y el barco nos transportó a Shark Ray Alley, una reserva marina donde haríamos snorkel rodeados de tiburones nodriza y manta rayas. Después, contentos y con hambre regresamos a Victoria House en donde inmediatamente nos dirigimos hacia el Admiral Nelson Bar para disfrutar de un refrigerio y un sabroso aperitivo. En Belice se da el caracol marino que es exquisito. Volví a mi bungaló para ducharme y relajarme un poco. Me vestí rápidamente pues mi colega me esperaba para cenar. Caminé tranquilamente por la arena llevando las zapatillas en la mano desde mi bungaló hacia el Palmilla Restaurante de Victoria House. Cenamos al aire libre recibiendo una esmerada atención de parte del camarero. Yo comí una suculenta langosta.Al día siguiente hicimos un recorrido por la isla. Primero fue una vuelta en lancha por la costa desde donde pudimos ver hoteles, condominios y mansiones. La lancha nos dejó en el muelle del Coccoa Beach Resort para tomar un refresco en su Copacabana Bar diseñado alrededor de la piscina. Las margaritas estaban deliciosas.