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Malecón de La Paz
© guillermo de la corte

> Cerca pero lejos
Cuando se habla en general de Los Cabos, se refiere a la municipalidad que comprende los pueblos de Cabo San Lucas y San José del Cabo. Mientras el primero es la base de la actividad turística bulliciosa, el segundo, es un pueblo tranquilo y desasosegado. El Corredor, también parte del municipio, es la franja de 34 km de carretera que separa ambos pueblos y que transcurre bordeando la costa.

San José del Cabo es el típico pueblo colonial con su plaza principal, la Plaza Central, en el que se encuentra la iglesia, el ayuntamiento y el kiosco para la música. Detrás de la iglesia hay un barrio más antiguo de estrechas callecitas empedradas con restaurantes, tiendas y bastantes galerías de arte, conformando lo que llaman el Distrito de las Artes. Después del paseo entra ganas de cenar y hay variedad donde escoger; sin embargo, Tequila y La Panga Antigua fueron mis favoritos. Otra opción más económica es Los Claros, donde sirven una gran variedad de excelentes tacos de pescado. Y otra más, un poco diferente es Los Tamarindos, un restaurante situado en una huerta de productos orgánicos, donde Enrique Silva, el cocinero y dueño del negocio, confecciona deliciosos platos con los productos que recoge unos metros más abajo.
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Fachada del Hotel California
© cortesía hc

Cabo San Lucas es el punto más extremo sur de la península de California, donde las aguas del Pacífico se encuentran con las del Mar de Cortés, en una espectacular formación rocosa conocida como el Fin de la Tierra y donde se encuentra El Arco, el más emblemático punto de atracción del área.

La marina es el punto neurálgico de la mayor parte de la actividad. Allí no solo atracan barcos particulares sino que es el punto de partida de las numerosas embarcaciones que le llevan a uno a diferentes destinos y actividades. En la bahía también fondean los enormes barcos de cruceros, añadiendo más actividad al puerto. A un lado existe un acuario dedicado solamente a delfines donde grandes y chicos disfrutan y aprenden sobre estos animales.

Alrededor de la marina se encuentra multitud de restaurantes, bares y tiendas, que prácticamente operan sin descanso, donde la gente pasea y disfruta de día y de noche. Las opciones para reponer fuerzas son innumerables pero por citar a algún restaurante, me gustó Mi Casa. Por la noche todo es fiesta y los clubes se llenan de gente. Pink Kitty, Mandala, Cabo Wabo y Squid Roe son los más populares.

Detrás de la marina, ya en el Océano Pacífico, las edificaciones de residencias y de complejos turísticos le roban metros a las rocas. El hotel Capella Pedregal, uno de los más exclusivos de toda el área, construyó un túnel en la roca para acceder a él desde el área de la marina. La experiencia de alojarse en este hotel es inigualable y uno de sus restaurantes de pescados y mariscos, El Farallón, es excepcional. Grand Solmar, es otra buena opción para pasar unos días de descanso.

El One & Only Palmilla, Las Ventanas al Paraíso y Esperanza, son los más exclusivos compitiendo por el mercado de lujo.