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© rapheal david

Los cariocas son simpáticos, generosos y acomedidos. Llevan dentro de sí ese “espírito”, esa esencia tan particular que fluye contagiando de alegría a todo, convirtiéndose en la mágica cinética de la batucada, la samba y su sensual forma de hablar.

“Río” pulsa esa energía. No hace falta ser muy sensible para palparla en sus calles, sus playas y sus concurridos sitios. Las palabras faltan para explicárselo al que no lo conoce pero sobran para el que lo ha vivido.

Carioca, proviene de la lengua de los tupinambá que ya vivían en la Bahía de Guanabara cuando los portugueses colonizaron. Kara’i oca, es la palabra tupi que significa “casa de los hombres blancos”.

A través de los siglos el término dejó su estrecho significado y se fue expandiendo. Hoy no solo significa “nativos de Río de Janeiro” es un término que describe todo un mundo con su perspectiva y estilo de vida singular en el mundo.
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© pedro kirilos

> La “Ciudad Maravillosa”
Me hospedé en el histórico y lujoso hotel Copacabana Palace. Mi estadía pasó de lo agradable y cómoda a ser lujosa y de ensueño, gracias a su atentísimo personal, especialmente, Janine. El hotel lleva la designación de cinco estrellas, que bien merece, pues brilla por su ubicación, su historia, su belleza, su lujo y sobre todo, su atención al cliente.

Mi vuelo llegó temprano y después de dejar las maletas en el hotel, crucé la calle para caminar en la famosa playa de Copacabana. La cena esa noche sería con mi amiga Frances y un grupo de amigos cariocas. Llegamos a Restaurante D’Amici donde conocí a Marcio, Ana Paula y Alicia. Entre deliciosos bocados de pasta, camarones, ensalada y pan, platicábamos con entusiasmo sobre experiencias vividas y nuestros seres queridos.

Después de un par de horas de charla y dos botellas de vino, la conversación se viró hacia la introspección, sin dejar por un momento lo agradable. Fue ahí donde yo supe que las personas que me rodeaban serían amigos de toda la vida.

Cada uno se comprometió acompañarme a sus lugares predilectos y presentarme a más amigos. Con Ana Paula visitaría Corcovado, Pan de Azúcar y el Parque Nacional da Tijuca, conocida como “A Floresta da Tijuca”. Además, si me animaba, pautaría por mi un vuelo sobre la bahía en Ala Delta. ¡Qué emoción!

Marcio quedó de acompañarme a Lapa y pasarla de lugar en lugar disfrutando del ambiente bohemio y la legendaria música brasileña así como llevarme a la famosa “Cidade do Samba”.
Alicia sería mi “guía no oficial” del centro histórico de la ciudad, la colonia de Santa Teresa y la Catedral de San Sebastián.

Así de fácil, y de pronto, se diseñó mi itinerario. De los miles encantos de “Río” los cariocas son los más encantadores.