• Image about 23,5 horas en Tokio
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Tokio, una ciudad sorprendente con festivales callejeros, un sushi tan sabroso que emociona y bares y clubs nocturnos multinacionales.

> 16:00
Brasil y Japón no están cerca. Curiosamente, Sao Paulo, donde comenzó este viaje, tiene una mayor población japonesa que en cualquier otro lado del este del Pacífico. Después de veintitrés horas en el aire y una conexión de seis horas en Dallas, llego al aeropuerto de Narita agotado completamente. Tomo el Narita Express a Tokio y aproximadamente un minuto después de abrir mi computadora para trabajar en la última parte de la producción de imágenes del trabajo de Brasil, me quedo dormido en.

> 17:20
El tren llega a la estación de Shinjuku y mi hotel está en la estación Hiashi Shinjuku, así que tomaré el metro. Me olvido que la estación de Shinjuku es la estación de trenes más transitada del mundo con algo así como ocho líneas de metro, un par de trenes de alta velocidad, los trenes del aeropuerto, los trenes de cercanías, más o menos 200 salidas, todo ello proporcionando transporte a 3,45 millones de personas por día.

> 18:30
Llego en el mismo hotel que he usado antes en Tokio, el Sunroute Higashi Shinjuku. No hay tiempo para la exploración en este viaje. Estoy aquí para un breve muestreo del Tokio que conozco y anhelo. En estas veintitrés horas y media, no hay tiempo para la originalidad sino que hay que ir a lo seguro. El Sunroute es nada lujoso, aunque es un edificio bien diseñado, alto, estrecho, nuevo y de alta tecnología. Descanso un poco, me doy una ducha larga y salgo en busca de comer pescado crudo.

> 21:00
Tomo un taxi en frente del hotel y en un minuto, pasamos por un bonito festival popular, con faroles iluminados y lleno de personas que se agolpan en las calles, con puestos de comidas y bebidas, y mucha risa y alegría. Está bien ya, ¡concéntrate! Sushi. Diversión. 

> 21:20
El taxi me deja en el Shibuya Crossing, con sus hermosa iluminación. Este cruce es famoso por sí solo, ya que las luces de tráfico paran a todos los coches en todas las direcciones al mismo tiempo a la vez que permite a la masa de las personas a cruzar las cuatro calles de forma simultánea, así como a través de un gigante paso diagonal en el centro.  Detrás de la intersección existe un laberinto de tiendas y restaurantes abiertos sólo para el tránsito peatonal. Aquí es donde descubrí el Standing Sushi Bar (Bar de Sushi de Pie). Los clientes comen de pie en un ambiente japonés elegante y los chefs preparan los pescados con habilidad y precisión. El té y el pescado en Japón son tan buenos como los pensamientos de Sócrates.

> 22:15
La siguiente parada es pequeño bar Tasu Ichi (una más) de buena onda con una clientela aproximadamente la mitad extranjeros y mitad japoneses. Estoy buscando un par de cervezas y conversación. Lo de la cerveza es fácil; ya un vaso de Asahi de barril está ahora delante de mí. Digo hola a un italiano llamado Michael, que está enfrente de mí. Me presentó a sus amigos: un coreano agradable, alto, un poco sabelotodo, cuyo nombre se me escapó; un joven cocinero de la ciudad de Nueva York y su novia coreana; un medio escocés medio chino de Hong Kong y un par de los londinenses. Sin duda un grupo variopinto, aunque parece se llevaban bien.

> 00:05
Me dirijo a un club nocturno llamado Gas Panic para un poco de marcha. Este es otro más pequeño que otro abrió sus puertas en Shibuyay y que en la noche precisa puede ser muy bueno, pero cuando desciendo las rojas escaleras, percibo el olor del humo y la cerveza, veinte chicos y dos chicas. Vuelvo a subir las escaleras, salgo y tomo a un taxi de regreso a Higashi Shinjuku. Mando detener el taxi donde se encuentra el festival. La fiesta está aún viva con la gente en las calles. Inmediatamente después de caminar por el lugar, me doy cuenta que realmente necesito mi cámara. Rápidamente camino cuatro cuadras a mi hotel y agarro mi cámara. Paseo y fotografío por un rato y luego me siento en uno de los numerosos puestos para comer. Veo a un hombre cocinar una vieira (hotate) en su media concha sobre el fuego y se me antoja. En realidad no era tan sabrosa; un poco vidriosa para mí gusto. No como la hotate aburi que comí en el bar de sushi, que fue suculenta y deliciosa.

> 2:00
Poco a poco me encamino hacia mi hotel con la esperanza de que algo más me llame la atención. Y algo lo consigue: “Sin impuestos todas las bebidas a 500 yen con karaoke”.
Es un anuncio en un toldo amarillo raído colgando de una fachada de ladrillo aun peor, pero que por razones que no me puedo explicar, el lugar me atrajo. Le digo a la mujer detrás de la barra que quisiera una cerveza Sapporo de barril mientras ojeaba el lugar. Hay un tipo alto con una sonrisa en su cara, aparentemente solo, que más tarde supe es alemán. La única mesa en ese pequeño lugar está llena de gente hablando español, bulliciosos y ruidosos, pero disfrutando de la vida como los latinos suelen hacer. Hablamos, bebemos, mientras el micrófono pasa de uno a otro igual que las conversaciones. Mis amigos de habla hispana en Japón son un grupo divertido, increíbles personas para pasar el rato.

> 3:30
Aparece un cubano. Camina con confianza, como si fuese dueño del lugar, pero con humildad y una sonrisa cálida, y de fácil conversación. Hablo un poco con él en mi limitado español y disfruto el resto de la noche.

> 11:00
El plan era levantarme temprano y comer pescado crudo para el desayuno en Tsukiji, el mercado de pescados más grande y sorprendente del mundo. Pero eran las 5 de la madrugada cuando aún estaba hablando por teléfono con mi amiga Ximena en Colombia contándole acerca de mi encuentro con latinos durante mis azarosas 12 horas en Tokio.
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© mark tomaras


> 11:45
Me encamino hacia un restaurante de sushi. Pido un bol de sopa de miso con suaves hojas verdes y una taza de té verde. Para pescado, pido una pieza de aburi hotate (por supuesto), maguro, chu-toro, o-toro, dos piezas de sake, un trozo de ají y una atractiva pieza hecha de los brotes de cebollino y arroz. Simplemente increíble. Mejor que el bar de sushi en Shibuya. No sé exactamente qué es lo que hace que el sushi de aquí sea mucho mejor que el mejor sushi que haya comido en otros lugares. Pero este es el caso. Quizás es un pequeño margen de ventaja en la técnica y atención al detalle que se inicia con los pescadores y se suma en pequeños incrementos a lo largo del camino hacia la barra de sushi. Estuve pensando que cuando yo aterricé en Narita hace 22 horas y 15 minutos, consideré saltarme esta pequeña diversión en Japón. He venido aquí porque quizás este podía ser mi último viaje a Japón en bastante tiempo. Me voy de Asia y con gran tristeza; no me trasladaré a Japón como pensé que lo haría, hace sólo dos meses. Pero Buenos Aires me está llamando.

> 14:00
El tren va ahora muy rápido, acabando de cruzar el río y en dirección a Narita. Me acuerdo que mis 23,5 horas están llegando a su fin. Algunas fuertes emociones me dicen este país me está llamando, y me digo a mí mismo que algún día viviré aquí -mamá, estás advertida :)- en algún momento en el futuro.

> 15:30
Ya es el momento para embarcar y no dejo de pensar en ese pescado fresco y delicioso que dejo atrás hasta no sé cuando.